jueves, 10 de octubre de 2024

No es poesía

No es poesía lo que quiero escribir, no, no es poesía, en nada se le ha de parecer pues yo no soy poeta, es bien sabido que poeta no soy, no he sido y no seré. Poesía no es hablar de los besos que no se han dado, de los suspiros que llenos se quedaron de vacio, de los pasos que en fijo se anduvieron. Nada poético tiene pensar en el tiempo detenido de las rutinas que a veces dan y a veces quitan sentido, menos aún las manecillas de un reloj solar que se hace lento tras varios días nublados. No hay poeta bien nombrado que encuentre ánimo para hablar de los incendios que no pertenecen al alma, de aquellos que se llevan en la basura los momentos que al final resultan desechables, más no poco valiosos. Nunca lo efímero será determinante del valor de algo ni lo perdurable garantía del desgaste de las suelas del silencio. 

No es poesía y no debería alguien pasar tiempo descifrando palabras que sólo han caído por accidente una tras otra sin nada que decirle a nadie, sin propósito de exaltar alma alguna, sin posibilidad de aclarar alguna mente o dar descanso a algún ciclón de existencia; palabras que más parecen partículas de polvo expuestas a la luz del sonido en una mente sin espacio para la gravedad, palabras que flotan, que parecen caer y un pensamiento las eleva como si del viento se tratase, palabras que se leen con el ritmo de lo que pudiera significar acaso algo, acaso nada o en el peor de los casos, todo. 

No es poesía y no se recomienda descifrar el tiempo que mis manos han pasado atrapando los hilos de las palabras flotantes, no habrá bien resultante de abandonar minutos repasando los ojos por estas líneas que son apenas la gesta de ningún significado, ni surgirá inspiración alguna para sublimar absolutamente nada. No hay arte que se asome en los espacios que estos símbolos tapizan, no hay provecho ni ganancia para nadie más que no sea el que con absurdo detalle acomoda en el estante todo este cúmulo de brillantes y opacas negativas. 




miércoles, 4 de marzo de 2020

Algodón de Azúcar

Un algodón de azúcar rosa y esponjoso es lo que viene a mi mente cuando pienso en escribir de nuevo, quizá sea por lo dulce y mágico que resulta ser algo tan sencillo. 

Por qué he dejado de escribir, no lo sé, por la vida supongo, por el tiempo o por el proceso en que mi vida interior se ha simplificado; o tal vez, porque he dejado de leer poesía, eso debe ser, las letras siempre alimentan a las letras y lo que se consume se produce hasta lograr un ciclo que se sostiene sólo si lo alimentamos. 

Más allá de toda reflexión sobre escribir o no, pasando esa montaña y librando el sendero de toda resistencia, ahí se encuentran las pasiones, los nudos, el baile de los espíritus que conmocionan la piel y la mente, pero, para qué conmocionarse si un globo no necesita volar por los aires para ser, uno ve un globo, incluso desinflado, y sabe lo que es, sabe su potencia, puede llenarse con aire, atarse, pegarse con cinta, amarrarse con otros globos o a otra cosas, puede llenarse con helio, amarrarse con un hilo o dejarse volar en una libertad sin sentido, puede finalmente reventarse y durante todo ese tiempo y a través de todos esos estados, no ha dejado de ser un globo. 

¡Qué experiencia tan diferente ser un globo y vivir! A vivir se le dan tantos sentidos que resulta que un ser vivo puede no vivir y no estar muerto al mismo tiempo. ¡Qué complejidades es capaces de creer el ser humano! Me pregunto en qué querríamos transformarnos si tuviésemos la oportunidad de hacerlo, aunque sea por momento, estoy plenamente seguro de que algunos días quisiera ser una roca, me resulta infinitamente atractivo y lo primero que ha venido a mi mente, lo que surgió así, natural, sin forzarlo, una roca, punto. Ahora que lo digo, un punto también, ser el descanso de una frase, el final de otra, lo que da sentido sólo al estar colocado, un punto que puede existir más allá de un texto, pero que siempre, donde lo pongas, va a causar algún efecto, incluso si aparece solo en una hoja en blanco, en algún lugar escuché que "el libro de nuestra vida no cobra completo sentido hasta que llega al punto final" (o algo así), pretencioso, pues no sé realmente si los libros de la vida cobren sentido en algún momento, y además, sentido para quién, para qué. 

Y esto es lo que ha estado sucediendo, mi mente, mi ser, mis días, mis pensamientos, mi sentir, yo, me he simplificado, quizá porque he pasado aquellos tiempos apasionados y arrebatados donde vivir parecía cobrar sentido volviendo todo una locura, incluso las clases en las que pasaba una hoja a mis compañeros donde pedía que pusieran una frase para hacer un cuento juntos, no sé por qué me seguían la corriente, quizá porque de pronto hacía sonar el pato verde que colgaba como llavero en mi mochila y la clase cambiaba de tono. No lo sé, pero sé que he amado, que amo y que nací así y aunque sea una roca que hace algodones de azúcar, así voy a morir (creo). 

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jueves, 29 de marzo de 2018

Relato de un episodio psicótico...

Se ven pequeños movimientos, apenas perceptibles, en los vasos al rededor, el agua dentro de ellos empieza a tambalear, quienes lo han visto antes saben lo que viene, algunos saben las medidas a tomar y otros simplemente sienten miedo y se alejan lo más posible. 
Entonces sucede, todo se agita con fuerza, se sacuden los edificios rompiendo las ventanas, no podremos saber hasta el final, cuál será el daño de las estructuras. Todo se sacude, no es posible describir lo que sucede, hay ruido que viene de todos lados, hay gritos sin identidad, "¿Quién grita?, No lo sé". Los que caminaban se caen, algunos se lastiman, no quisiera decirlo, pero en ocasiones más de uno muere. Lo que es seguro, es que siempre hay daño.  
Gritos, voces, guardias, finamente, alguien con un poco de lucidez ha llamado al cuerpo de auxilio, llegan entre el caos y comienzan, con dificultad, a tratar de encontrar un orden a lo que sucede, más gritos, más personajes corriendo, más heridos, el piso no deja de moverse, por allá un incendia, por acá una bomba de agua ha caído sobre unos autos haciéndolos trizas. 
Es necesario parar un momento, ojalá fuera a voluntad, muchas veces el temblor es ciego, sordo, él mismo es sacudido por  lo que sucede en su naturaleza, no hay intención de daño. Un momento de compasión y el equipo ha logrado reducir el movimiento, o mejor dicho, el daño del movimiento. Ya se han organizado a las personas, se pusieron a salvo y se logró algo de calma entre ellas con la poderosa frase "todo estará bien", aún tienen miedo, pero lo manejan con más calma, se apoyan entre ellas. 
Va pasando, parece rápido, pero no lo es, el tiempo en que todo estalla, desde esos primeros signos hasta que desaparece, es una eternidad cuando estás dentro o fuera de la escena. El agua en los vasos, los pocos, si acaso dos o tres, va poco a poco regresando a un sutil balanceo que disminuye lentamente. 
Un abrupto ALTO cimbra todo el lugar, ¿pero qué ha sido todo esto? Imposible de saber, ¿cómo fue que empezó? No se puede determinar si algo lo provocó o si era inevitable como parte de la naturaleza de quien lo emite. 
Se explora con calma el terreno, se van identificando heridos, daños a los edificios - algunos de ellos reflejan fallas estructurales - el miedo poco a poco se reduce tanto afuera como adentro, aunque hay quienes sienten que puede estallar de nuevo todo en cualquier momento, ¿replica?, entre los escombros se buscan sobrevivientes, que son los que cuentan la historia con sus palabras, y muertos, que son quienes cuentan la historia con su silencio. 
La situación se valora "bajo control". 


Hace falta salir y tomar aire fresco, la luna está creciente y caminar se siente bien después de haber tenido tan agitada el alma. Con los sentidos aún alterados, se ven animales en las hojas de los arbustos, ¿algo se movió?... no, es una sombra o la planta se agitó con el viento, las cosas empiezan a tener una explicación con sentido. Hay luna creciente, quizá subió la marea. Todo esto es muy cansado, no importa donde, sólo quiero dormir. 

miércoles, 4 de octubre de 2017

Las lunas de octubre

Hoy, precisamente hoy, me encuentro en el camino que andaba, sin fin alguno, con esas palabras juntas... "Las lunas de octubre". Recordando que hace tiempo me dijeron que son las más hermosas. Hoy es luna llena, yo la vi, la vi desde hace ya un rato... era hermosa, tenía un halo que la hacia verse más suave. A los ojos de quienes no saben enamorarse de la luna, seguro octubre pasa desapercibido, pero aquellos que hemos tocado su luz, aunque sea por un instante, no dejamos de buscarla en el cielo, en nuestros sueños o en cualquier rincón donde creamos pueda esconderse. 
La luna es uno de los consuelos más bellos que se encuentran en las noches solitarias, es también la alegre compañera de las fiestas de aquellos que bailan en la madrugada. La luna es una dama, es una fiera, es intocable y abraza. La luna invita a las brujas, a los lobos y a las flores que sólo dejan salir su aroma a la luz de la noche. 
Si me preguntasen a dónde quiero ir primero cuando muera, diría mil veces que a la luna, quiero verla de cerca y entender cómo es que nos regala ese maravilloso reflejo, así lo digo, maravilloso reflejo, si nosotros pudiésemos ver nuestro reflejo en el otro como algo maravilloso, seguramente tendríamos el mismo brillo que la luna. 
Y fueron esas coincidentes palabras juntas las que me tienen aquí hablando de amor, de un amor que no se suelta, un amor que trasciende, un amor que atraviesa el tiempo como si todo fuera un sueño. Tengo el presentimiento de que por siempre viviré enamorado de la luna, de sus ciclos, de sus ausencias y su presencia, de su arco iris, de su cara y su conejo, de esa dulce sensación de su luz fría que acaricia, que evoca suspiros, leyendas, poemas... 

Recuerda... Las lunas de octubre son las más hermosas. 

miércoles, 3 de mayo de 2017

Soledad enséñame

Soledad enséñame a amar el silencio y a convivir con los ruidos de mi interior, enséñame a sentir mi corazón y escuchar su voz con claridad y sin temor. Soledad, tú que tantas cosas sabes y conoces del mundo y de mí, enséñame a caminar en los oscuro de la noche y a respirar el verde de los campos; enséñame a reír y a llorar como si ambas experiencias fuesen divinas; enséñame a leer convirtiendo en escenario perfecto cualquier rincón del mundo, enséñame lo realmente valioso de la vida; a caminar descalzo, a beber agua fresca, a dibujar en el aire y en la tierra. Soledad, tú que guardas en tus entrañas la sabiduría de todos los tiempos, enséñame a ser libre, a no esperar, a vivir el tiempo único, ese minuto en el que estamos. Soledad, enséñame por favor a sonreír sin reservas, a cantar sin vergüenza, a extender la mano firmemente. Enséñame también a respirar profundo, a vivir los insomnios como noches de aventura, enséñame la música de la melancolía, el secreto de los momentos de alegría, enséñame la gracia de la ira y la bondad de mis temores. Soledad, tú que lealmente me acompañas, enséñame a escapar de la amargura, a compartir mi buenaventura, a construir en mis tiempos libres, castillos en el aire, y enséñame a comprender lo que son y a no sufrir cuando se deshagan entre mis dedos. Soledad enséñame, nunca dejes de enseñarme, nunca dejes de acompañarme en esas horas en las que somos tú y yo sin remedio, porque así estamos todos hechos, un poco de magia y un poco de ti.

domingo, 16 de abril de 2017

No tengas hijos

El título es en serio. Hoy vengo a decirte algo muy en serio. No tengas hijos. No tengas hijos que no desees, no tengas hijos con una persona que no desea tenerlos. Si eres de esas personas que tienen oportunidad de pensar, de decidir, no tengas hijos. No los tengas si no serás capaz de reconocer tus expectativas y renunciarlas; no los tengas si no has trabajado jamás con tu propia historia, con lo que te duele, con tus carencias; no los tengas si no puedes darte cuenta de ti, si no te conoces y te reconoces, si no te mantienes atento o atenta a tu forma de estar en el mundo. No tengas hijos si no sabes cuáles son tus principios, si no los tienes o no son claros, o si no puedes ser congruente y consistente; no tengas hijos si no has cultivado tu espíritu, tu capacidad de aprender, si no reconoces tus necesidades y sabes cubrirlas, no tengas hijos si no sabes cómo acompañar a una persona en un momento difícil, No tengas hijos para que te cuiden o te mantengan cuando seas mayor, no los tengas para salvar tu relación, no tengas hijos si no te puedes alegrar con la sola existencia de una persona. No tengas hijos si no sabes buscar ayuda, si no tienes amigos, si no has sanado tu relación con tus propios padres. No tengas hijos si no tienes tiempo, si no sabes jugar, si no estás dispuesto o dispuesta a leer, investigar, preguntar o hacer lo necesario para aprender lo que haga falta para acompañarles. No tengas hijos si el peso social es más importante que tu propia felicidad y bienestar. No tengas hijos si no sabes cómo hablar de sexualidad, si no puedes respetar las diferencias entre las personas, si no has trabajado tu criterio para aceptar que la vida es diversa, que está bien ser médico y también está bien ser comerciante, que está bien ser heterosexual y no serlo, que está bien elegir vestir diferente al resto, que está bien no creer en Dios o llevar una vida espiritual diferente a la tuya. No tengas hijos si no sabes cómo estar en comunidad, si no te interesa el bienestar de tus vecinos, de tus compañeros, de los otros que te rodean, no tengas hijos si eres capaz de lastimar a otros para obtener lo que quieres, no tengas hijos si no sabes ayudar, si no valoras la solidaridad, si te ocupas en actos destructivos hacia otras personas. No tengas hijos si no sabes enseñar, si no tienes paciencia, si no sabes cómo encontrar opciones para afrontar la vida. No tengas hijos si no contemplas la belleza, si tu corazón y tu mente no son flexibles, no pueden abrirse. No tengas hijos para realizarte, para cumplir en sociedad, para seguir el camino supuesto, no tengas hijos porque es lo que toca, o para hacer abuela a tu madre , o porque tus tías no dejan de preguntar cuándo los tendrás o porque ya todas tus amigas los tienen. 
Y regresaré al inicio, no tengas hijos si no los deseas, porque los hijos que vienen al mundo con esa marca, no se la quitan de encima, te encargarás de hacérselo sentir y él o ella, jamás se sabrá merecedor de amor. No tengas hijos que no deseas, porque vas a traerlos a librar una batalla sin poder darles con qué, una batalla que será alimentada por las personas que deberían darle el amor y el cuidado, la fortaleza y sensibilidad para estar en el mundo. 
No necesitamos preservar nuestra especie, no es necesario que dejes heredero o un legado, reproducirte no es una necesidad vital, no es algo que a estas alturas necesite la humanidad. Necesitamos que nazcan los hijos de las personas que estén preparadas, con su corazón y mente abiertos, con el espíritu fortalecido, con capacidad de amar, que sepan jugar, que estén dispuestos a enseñar y aprender, que trabajen en sí mismos, que busquen un desarrollo personal, que sepan cuidarse, que se interesen en los demás. Tú no necesitas hijos para ser alguien en la vida, ni para que sea un indicador de éxito, nadie necesita hijos. Los hijos deben llegar a nuestras vidas por amor, por amor a ellos, a nosotros y al mundo. 


jueves, 9 de febrero de 2017

Calula: un no cuento para no dormir

Calula es una criatura que no puedo llamar mala, pero sabe hacer daño, es más bien torpe y con muchas limitaciones. Calula vive debajo de la cama, en lo profundo del closet, detrás del tocador, entre las sillas del comedor o en cualquier rincón que se forme entre los muebles de la casa, no es que se esconda, es que sólo ahí puede vivir, tiene ese rasgo de los vampiros, demasiado tiempo expuesta a la luz, la desbarata o la transforma. 

Calula tiene los ojos cosidos y no consigue abrirlos bien, pero eso le pasó hace mucho tiempo, tanto que ni siquiera recuerda que alguna vez haya sido diferente, por eso Calula no ve bien, ve borroso a través de las hendiduras que se hacen entre los hilos, no distingue, pero no sabe que es así, para ella, lo que ve es tal cual existe, no puede cuestionar que sea distinto, porque no sabe lo que a sus ojos pasa. Evidentemente, si Calula se quisiera ver al espejo (que no sabe que existen) no podría distinguir ni un sólo detalle, así que jamás ha notado, ni notará lo que pasa con sus ojos, lo que alcanza a ver, aunque sea borroso, no tenga forma, no refleje colores o suficiente luz, eso es su realidad. 

Calula tiene un hueco en el pecho, no es culpa suya, hace mucho tiempo le quitaron el corazón de su lugar, de eso conserva una leva memoria, apenas una sensación, es por eso que anda por la vida atravesando el pecho de otras personas, saca su corazón y se lo prueba para ver si con ello consigue amar, por eso no puedo decir que Calula es mala, su anhelo es amar y ser amada, pero su triste destino es caminar por la vida destruyendo todo a su paso. 

Casi ciega, a tientas, con el corazón fuera de lugar, de brazos y piernas largas y con oídos entrenados para escuchar sólo y únicamente aquellas cosas que llegan al estómago y lo patean, Calula nos habita y nos limita, nos acorrala, nos brinca, muerde y agita. 

Calula nace de la falta, de nuestro deseo de amor inalcanzable, por siempre inalcanzable, no porque no seamos amados, sino porque Calula no nos dejará sentirlo, pasará todo amor por el agujero de su pecho sin que nada pueda llenarlo, con sus ojos dañados interpretará el mundo y nos dará una distorsionada traducción que, sin ella realmente quererlo, nos hará mucho daño. 

Calula toca nuestros miedos, les da vida, nos advierte constantemente de un mundo malvado, así lo vive, así lo siente mientras se golpea con todo a su paso a causa de sus largas y torpes extremidades, y lo aclaro de nuevo, no puedo decir que sea mala, pero sabe hacer daño, nos lleva al rincón de los más grandes temores y nos cuenta historias aterradoras en las que el amor no existe o, si existe, jamás será para nosotros, Calula casi nos convence y así vivimos quebrando nuestros cuerpos y almas, deshaciéndonos como única opción para conseguir aquello que sea más cercano al amor. 

Calula crece y vive con nosotros, en la sombra, se agacha, se estira, camina, balbucea, grita, araña, nos lleva a cerrar los ojos para ver y entender el mundo que nos describe, nos enseña a dudar, y nos puede convencer de que nunca, jamás, sin importar lo que hagamos, seremos suficiente y podremos ser amados, a Calula, nadie le enseñó a ser.


jueves, 3 de noviembre de 2016

Fuego y cabello blanco

En realidad nadie supo nunca su edad, desde que todos recordamos ella era una mujer mayor, una anciana. Todos la vimos siempre con el pelo blanco, largo, trenzado; era bajita y robusta, más bien fuerte, pero la fuerza que se le veía es ese tipo de fuerza que te da el transitar por la vida. Su paso era firme y sereno, cansado en los últimos tiempos, su voz tenía tantos colores que parecía estar habitada por muchas personas, hombres y mujeres de todas las edades, no era particularmente cariñosa, pero sabía querer con las cosas que hacía, quizá no te daría un abrazo si estabas triste, pero podía darte un buñuelo doradito y dulce que irremediablemente te haría sonreír y sentirías una caricia en el alma.
Su sabiduría estaba en las cosas simples de la vida, el quehacer cotidiano, comprendía muy bien que a las cosas hay que dedicarle tiempo y energía para que crezcan y permanezcan, y eso hacía, cada rincón y cada actividad necesaria en los cuidados de la casa tenían destinado su momento, pues ella sabía que no se debe barrer y cocinar a la vez, el polvo se levanta y contamina, y además, a la comida hay que darle un cuidado especial, la comida es la vida, por eso podías verla durante mucho rato parada frente a la cacerola que estaba en el fuego meneando con una palita de madera lo que estuviera preparando, podrán imaginar que hacía un chocolate excepcional, con una sola taza podías sentir como se reparaban en tu pecho heridas pasadas, tristezas profundas. Sus consejos solían sentirse duros, cuando te hablaba sobre algo, dejaba tu cabeza resonando sin poder evitarlo, era certera, tanto que asustaba, y sin embargo, todo lo cerraba con "pero tu sabrás" o algo parecido, una de esas frases que te hacen sentir que hay opciones y que sin importar qué parezca lo correcto, siempre hay más opciones y las puedes tomar, solo deberás comprender que habrá un costo por cada decisión.

Cierro los ojos y puedo verla moviendo la comida, con el fuego bajo la cacerola y la leña ardiendo sin parar, puedo verla habitando dentro de mí, levantando la vista para reconocernos cada tanto, puedo verla anunciando que nada es para siempre, que debemos elegir para qué queremos la vida, el tiempo que nos queda, ese tiempo incierto, ese que a veces pensamos eterno y que suele pintarnos a la cara la realidad. Puedo verla sintiendo compasión por mí, por mi torpeza, por los momentos en que un corazón desbocado me arranca pedazos de vida, momentos de amor; puedo verla sanando mis heridas con esa mirada que me dice que sabe que volveré con más.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Agujeros perpetuos

En aquello de la magia las cosas desaparecen sin destino, existen sin previa gestación, se dan y se quitan, los vacíos se llenan de manera espontanea, y todo lo que existe puede ser cuestionado por incrédulos sentidos. Para hablar de magia hay que hablar de ilusión, hay que construir un muro impenetrable con blancas y suaves plumas, hay que saber convertir en agua en papel, el papel en paloma, la paloma en mensaje y el mensaje en polvo de estrellas... 
Y es pensando en la magia que me encuentro ahora conociendo los agujeros perpetuos, esos espacios imposibles de llenar, esos lugares donde, sin importar lo que existe, siempre falta, es el hueco de las almas donde versa la frase "que no me falte la falta", quizá porque nunca nos dijeron cómo se estaba completo, cómo era posible (si es que lo era) aquello de la plenitud, y así, aprendemos a escarbar para encontrar el faltante de cada cosa, de cada sitio, de cada persona, de cada lugar, de nosotros mismos, de las nubes, del aire, de los rayos del sol, sabemos magistralmente pintar el vacío, de un delicado soplo podemos desatar la tormenta que lo convierta todo en ausencia, y nos volvemos náufragos en el destino donde inicialmente había un tesoro... 
Y la noche en que me siento a vivir esta realidad sin sentido, es la misma noche que miro de frente a los ojos de una estrella, si, los ojos he dicho, porque si hay en la vida toda clase de incongruencias, hay en mi mente la realidad que se me antoje, y con eso, con eso quizá pueda por fin llenar el vacío, terminar la misión, cumplir el requisito; con eso tal vez pueda dormir tranquilo y soñar que un día podré existir completo. 

viernes, 8 de julio de 2016

El terreno de lo irreparable

Así... como niños pequeños tomamos las "cosas" en nuestras manos y las aventamos por diversas razones, porque se resbalan en dedos torpes, para ver el efecto de la caída, porque no sabemos hacer nada mejor con ellas, así... como niños o quizá como adultos torpes, como seres obligados a aprender sobre la marcha mientras vamos pisando y rompiendo todo a nuestro paso, por no saber, por no querer, por no poder... Así es como un día ponemos un pie en el terreno de lo irreparable, en ese sitio sin vuelta atrás, en ese borrador puesto en escena sin oportunidad de afinar detalles. Así decimos, así escuchamos, así juzgamos, dictamos sentencia y condena, así rompemos corazones (incluido el que llevamos en el pecho), así matamos amores, esperanzas, amistades, ilusiones, así como así, "nomás viviendo". 
Así también somos la cosa aventada al piso por otro niño, y nuestro corazón se estrella contra el suelo y estalla en mil pedazos, a veces sana, a veces, aprende, y otras veces se pierden los pedazos que han salido volando por todas partes. Así todos, así todas, así juntos y a solas, así vamos sin tregua en esta vida de ensayo, "ojalá lo hubiera hecho diferente", "ojalá no lo hubiera hecho", "ojalá hubiera sabido que esa no era la respuesta correcta, la esperada", "ojalá hubiera podido leer tu mente y pensar como tú para saber exactamente qué hacer...". Todos esos son deseos de los corazones mientras aman, mientras se encuentran con la vida haciendo su mejor posible, esa "buena idea" que resultó ser lo peor que pudimos haber hecho, y así... algunas veces, se rompe lo que vuela y quien lo lanza, y nos vemos a oscuras intentando juntar los pedazos de una vida que no ha podido ser perfecta, ni para mí, ni para ti, ni para cualquiera en el mundo. Vemos nuestro libro lleno de tachaduras, con hojas arrancadas de nuestra memoria, con todas las veces que nuestra pluma dejó de pintar, y en medio de todo, la vida sigue, nada ni nadie se detiene a esperar a que aprendas, el precio se tiene que pagar por los errores cometidos y eso no tiene remedio. Quizá los bancos sean más indulgentes con las deudas que nosotros con el prójimo o con nosotros mismos, pero lo que hacemos es tomar aquel pedazo suelto de la vida de alguien como mazo y dar o darnos con todo, como si no hubiera un mañana... 
Así nos encontramos, juntando las piezas que alcanzamos a recuperar del suelo para ver qué figura logramos armar y eso le llamamos otro, y en el terreno de lo irreparable queda fijado con mayor facilidad cualquiera de nuestros errores, todo lo dicho en los momentos duros, todas las balas que se soltaron cuando no pudimos contener el arma dentro de nosotros, cuando perdimos el control, cuando no tuvimos "la mejor manera" o nuestra mejor manera no fue suficiente, no fue lo que se necesitaba o esperaba, así nos quedamos pisando en el aire, rotos y llenos de rencor, llevando el expediente de lo sucedido, abriendo el archivo para encontrar la manera de ir cada vez más profundo a esa tierra donde habita el dolor de los golpes de la vida, no los que sirven para aprender, sino aquellos que la hacen de suelo donde han de azotar nuestras mejores intenciones y nuestras peores estrategias. 

miércoles, 8 de junio de 2016

La pluma del destino

Caía la noche y unas gotas de lluvia golpeaban el piso y las ventanas como si alguien estuviese aventando algo desde lo alto, eran gotas gruesas, de esas que caen muy separadas unas de otras, así que tardé un poco en distinguir si realmente llovía. Los relámpagos y truenos anunciaban la primera tormenta de temporada de lluvias. Yo... yo no dejaba de pensar en la existencia del destino. Esa vez no era algo romántico, era pensar en el destino como esa sentencia que escribimos para nosotros mismos, como aquello que guardamos en el fondo de nuestro ser, cosas que a veces olvidamos o no alcanzamos a ver porque quedaron ocultas, incluso para nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón. 
En eso andaban mis pensamientos, cuando de pronto imaginé que no podíamos escapar de aquello que debíamos aprender, que las situaciones quizá serían por siempre las mismas y que la verdadera revolución, aquello que podía romper con la sentencia de un destino, era la posibilidad de transformarnos dentro, dar el salto, salir disparados de aquel círculo en el que parecíamos estar atrapados permanentemente y que se repetía en nuestra vida como una condena. 
Muy revelador... casi inspirador... hasta que te preguntas "cómo"... cómo se supone que escaparé de mí mismo, de mis miedos, de mis ideas, de mi dolor, de mi rencor, de todo lo añejo que se ha sembrado en mi historia, cómo sanaré las heridas viejas y dejaré de hacer nuevas con las fantasías que habitan mi mente. La verdad es que no lo sé, por ahora sólo me siento atrapado en un ir y venir de situaciones que se miran conocidas, que quizá son diferentes o que puede que se agudicen con el tiempo, no sé cómo voy a hacerlo, pero tengo muy claro que debo empezar... 

miércoles, 27 de abril de 2016

El último café

Siempre queda espacio para un último... no importa lo que sea, pero siempre existe. La vida me ha enseñado que nunca hay segundas oportunidades, que la oportunidad siguiente es nueva o no existe, es el mismo principio del río que es y no es el mismo. La vida tiene sus rayas, sus acordes, sus aromas y los viajes que cada uno hace dentro del misterioso laberinto del tiempo que nos habita.
Frecuentemente recuerdo esa película donde una persona era en realidad el personaje de una historia que alguien más escribía o quizá aquel personaje era en realidad una persona, el asunto es que quisiera saber de qué mano salen las letras que describen los caminos que tomo a cada paso, lo que acomoda y desacomoda mi mente, lo que me da ese incierto toque de locura y el descosido perfecto para andar de interesante por la vida.
Esta noche, ni siquiera es de madrugada, ni siquiera tengo excusa, no tengo razones, no tengo nada más que los restos de un café que me transporta, suficiente para una taza, una taza que bien pudiera ser veneno o el más fino de los licores, pero no, es café, porque así de simple resultan ser las cosas.
Un ser humano cualquiera no sabe reconocer el ardor de una herida, no sabe, no entiende y no concibe lo que se siente la caricia del fuego del infierno, tampoco ha vivido un sólo día en el paraíso ni ha comido fruta prohibida que le destierre del mismo bajo el castigo de un Dios, a fin de cuentas, el que sea.
Yo en cambio, me paro desde hace más de 20 años a mirar las estrellas y pedirle un par de cosas, ninguna de ellas concedidas, porque cuando uno tiene un destino, los deseos no interesan o quizá son esos deseos parte de la lección, aceptación, el reto de la ambición del hombre.
Voy en este instante a preparar café... quizá porque con el pretexto del deber quisiera provocar un insomnio que me libre de cualquier pesadilla o quizá porque auténticamente quisiera resolver los pendientes de diario para mañana amanecer perdido en un sueño y tener el derecho de quedarme.

domingo, 7 de febrero de 2016

De chile, de mole y de dulce

Hace vario días que tenía pensado visitarte, no dejaba de pasar por mi mente el venir y hablar, estar aquí, el simple hecho de estar ya me genera una calma que no puedo explicar. Quiero contarte tantas cosas, y tú, como siempre, en un silencio perpetuo, ese que me permite dejar todo lo que soy ante tu mirada libre de juicio. Aún con todo la serenidad que te envuelve, mi corazón se acelera al estar en este sitio. 
Éstos días he experimentado muchas cosas, se han puesto a prueba mi fuerza y mi entereza, al mismo tiempo he participado de las maravillas más hermosas de la vida, y por incontables momentos me he detenido a darme cuenta de que lo tengo todo. La plenitud es algo que se logra en aquellos instantes en que nos detenemos a respirar la vida. 
Como ser humano, estoy frente a uno de los retos más grandes de mi historia, vivir el presente, quedarme por sobre todas las cosas, aquí, en este lugar, en este momento, y honrar el pasado como aquello que nos ha construido, tomar lo que sirve y dejar ir todo lo queda sólo para empolvarse y hacer pesado nuestro camino, hoy estamos aquí, siendo quienes somos, no hace falta traer en el llavero la presencia de lo que ya no es, ni será. Por otro lado, cuando el pasado se hace presente, es necesario prestar atención y descubrir qué es lo que aún necesitamos de ese sitio; lo dice alguien que piensa que todo lo que hacemos o buscamos en esta vida, tiene ganancia, incluso aquello que parece hacernos daño o de hecho lo hace, la vivencia de ser víctima, también tiene sus ganancias, así que aprender a hacernos preguntas legítimas suele ayudar a comprendernos y escapar de la trampa que solemos tendernos. 
Entre pasado y presente, me encuentro también reconociendo que hay realidades en otras personas, que si lo permitimos, trastocan nuestra calma. Cuánta gente a nuestro alrededor vive situada en el pasado o en el futuro de una "fantasía catastrófica" (como me enseñaron en proceso terapéutico), y sin embargo, eso es algo que no podemos arreglar, solamente podemos decidir cómo relacionarnos con esas personas, de tal manera que no terminemos enganchados en el desafortunado mundo en que se encuentran. 
Y como siempre, todo tiene su costo, pues a veces, quienes se resuelven a vivir en el drama, el chantaje, la manipulación, el sufrimiento, la violencia y todos esos vicios, no son capaces de cuestionarse y por supuesto, son inamovibles, dueños de una razón absoluta a la que tendríamos que someternos, eso, o aprendemos a ser firmes y tomar las riendas de nuestra vida, todo, insisto, con costos, y todo será válido, así que es mejor que lo hagamos consciente y de esta manera dejamos de sufrir porque no somos monedita de oro, o niños/niñas bonitos y perfectos (a los ojos de quién), así de golpe regresamos a una realidad donde somos seres históricos, con capacidad de dar, de amar, ser generosos y virtuosos, y a la vez, con dolor, miedo y malas decisiones, y no hay una sola cosa que nos defina, somos todo eso (y más), y somos sobre todo, lo que elegimos en el presente.
Así que, o nos situamos y decidimos ahora mismo lo que realmente queremos para nuestra vida, o le seguimos jugando al pobre ciego víctima y esperando que alguien resuelva nuestra felicidad, haga lo que queremos (que a veces ni siquiera sabemos qué es) y nos ponga una estrellita que nos marque como "los mejores", siempre teniendo en cuenta que cada decisión tiene costos, para nosotros y para quienes nos rodean. 
El tema de quienes nos rodean tiene cierta fascinación en mi mente, pues veo como las personas tendemos a vivirnos como súper héroes, salvadores, que tenemos que hacernos cargo, defender, cuidar, proteger y decidir lo que es mejor para otros, porque los amamos y los queremos ver "bien" (en nuestros términos y para nuestra complacencia). Me he dado cuenta que yo he jugado ese papel en varios momentos de mi vida, logrando limitar las posibilidades de crecimiento, libertad y aprendizaje de aquellos a quienes digo amar. Permitir que una persona asuma la responsabilidad de su vida, tome sus decisiones, viva, aprenda, busque soluciones, disfrute, y tener el valor suficiente para sentirnos felices por verle ser quien es, eso es amor, tengo la fortuna de conocerlo de cerca, de ver como alguien que me ama, a pesar del dolor, renuncia a sus expectativas y miedos, y aprende, trabaja y hace lo que le toca, crece, nutre su espíritu y entonces podemos tener un encuentro de amor, a mí, por supuesto, me toca mi parte; y perdonen el exceso de ego, pero en esto de las responsabilidades, si es cada quien lo suyo, no hay otra manera, porque aquello que no puedes resolver, no es tu problema, así de simple, deja que lo resuelva (aprenda, viva, crezca, disfrute) quien puede hacerlo (así es como la vida me ha enseñado un poco de la castración). Y bueno, cuando estas del otro lado (siendo cargado), también aplica tomar decisiones y bajarse de la comodidad de ese lomo, esforzarse por el derecho a una vida y una relación diferente, cuando te preguntes "pero qué voy a hacer", siéntate con papel y lápiz en mano y anota las muchas opciones que seguro tienes, incluye las más absurdas y verás lo amplio que es el mundo. Claro, todo esto sólo y únicamente si es lo que quieren, también se vale vivir estacionado jugando a las víctimas y súper héroes, no a todos nos funciona lo mismo. 
Yo como siempre, hablando de todo y de nada, o sintiendo que así o hago. Espero que alguien encuentre algún sentido en éstas letras y si no, pues ni hablar, total ni quería ser el súper héroe de nadie XD ... 
Dejo colgado un abrazo por aquí, de esos que se pueden usar cuando se necesiten. 


Firmo Yo





domingo, 6 de diciembre de 2015

Él, el loco

Su historia recorrió muchas bocas y fue construida por muchas mentes, incluso las de quienes jamás le vieron, era llamado como muchos hombres en el mundo "el loco". Era un loco muy peculiar, cuando yo escuché de él, se encontraba ya internado en un centro de cuidados especiales, decía el personal que había días en los que nadie entendía por qué estaba ahí, estaba completamente lúcido, era amable y solidario, tenía buena charla y podía opinar con coherencia sobre muchas cosas, ayudaba a otros internos y era muy paciente, incluso, en alguna ocasión, los visitantes llegaron a confundirlo con parte del personal. Decían que era buen actor, y por eso se hizo tan difícil establecer un diagnostico y dejarlo ahí dentro, un poco el asunto es que jamás lograba sostener su cordura, tarde o temprano llegaba el día en que se desconectaba del mundo y todo era diferente. 
Andrea, una enfermera que atendía en su pabellón, solía observarlo con detenimiento, así fue como aprendió a anticipar sus crisis, pudiendo reconocerlas hasta un par de días antes de que sucedieran, solía decir que él daba pequeños signos, miradas, formas de respirar, movimientos sutiles con su cabeza y con sus orejas, ella había observado mucho y poco a poco fue también resolviendo aquellas cosas que le permitían cierta calma en medio de la tormenta. 
Era un loco interesante, pudiéramos decir que tenía cierto talento o encanto, nadie le tenía miedo, aunque sí algo de pena. Había empezado como muchos, siendo visitado por sus seres queridos, y como muchos, también, había sido abandonado al paso del tiempo. Era normal y todos entendían en este mundo, que ir a pasar tiempo con un loco no era algo productivo, ni prioritario, todos tenían cosas qué hacer, y si acaso fuera por morbo, pues pasado el rato se quita lo interesante. 
Dicen que había sido un hombre muy productivo y exitoso, que tenía una inteligencia algo especial, no sobresalía lo suficiente como para ser un genio de nuestros tiempos, pero si era capaz de resolver y comprender muchas situaciones de una manera profunda. En aquel entonces, era orgullo de su familia, amado proveedor y generoso compañero, hasta que la locura les arrebato todo... 
En sus días de crisis solía quedarse en la cama muchas horas, y si, a veces días, no hablaba con nadie y pocas veces lograban que tomase alimento, a veces lloraba, otras tantas tenía conversaciones en solitario moviendo las manos y la cabeza, y cuando se quedaba dormido, parecía que sólo tenía pesadillas, pues su sueño era agitado e intermitente. No le gustaba que lo tocasen y parecía tenerle miedo a todo y a todos, solamente había un "amigo", un interno más del pabellón que lograba acercarse un poco y sentarse junto a él en silencio, era casi mágico ver cuando en un descuido, nuestro loco tocaba a su acompañante apenas con un dedo. 
Un día, en medio de una crisis, con nuestro loco sentado en el suelo de su habitación, con las rodillas encogidas en señal de un temor extraordinario, Andrea, la enfermera, decidió intentar algo a expensas de las autoridades del centro de cuidados, quienes seguramente lo hubieran prohibido al considerarlo peligroso, apenas y se asomó a la habitación, y antes de que el loco empezara a gritar, llorar o sacudirse, le dejó en la puerta, sobre el piso, varias hojas blancas y una pluma; él encogió las cejas sin entender, y se quedó alerta durante largo rato, a pesar de que ella se retiró de inmediato. Cuando por fin se sintió seguro, se acercó  lentamente a las hojas, y junto con la pluma, las llevó hasta donde estaba. Poco a poco se fue decidiendo a experimentar con aquello, no sin dejar de mirar a todos lados como quien espera que alguna trampa detone en cualquier momento. Finalmente, con un aire de travesura, abrió la pluma y en la primera hoja hizo toda cantidad de garabatos sin sentido, lo mismo en la segunda y la tercera. Al llegar a la cuarta hoja parecía mucho más tranquilo y menos excitado, así que comenzó a formar palabras, al principio, la letra era totalmente ilegible, era como si su mano no consiguiera alcanzar el ritmo de su mente, así que sobre el papel quedaron trazadas líneas que simulaban palabras, peor aún que en una receta de hecha por cualquier galeno. En aquella ocasión, el episodio de crisis transcurrió con más calma, y no podemos estar seguros, pero se especula que duró menos de lo que podía. 
Para momentos siguientes, Andrea había decido experimentar con colores, y el loco a veces los recibía bien y otras veces salían volando por el pasillo como si representara la mayor ofensa en la historia de la locura, pero eso sí, la pluma era siempre bien recibida. Pasó mucho tiempo para que los médicos se enterasen de las acciones de aquella intrépida enfermera, y aunque la reprendieron por el riesgo tomado, se sintieron sorprendido al ver que el loco estaba empezando a escribir cosas que podían tener algún sentido, y que incluso, resultaban muy interesantes y entretenidas para algunos de ellos (los más locos quizá). 
En un momento de lucidez, el loco llamó a Andrea al jardín y le pidió charlar, estuvieron ahí sentados durante un rato mientras el le decía que por favor no permitiera que perdiera su locura, que era lo único que le hacia estar a salvo, que al estar loco, la gente olvidaba ciertas convenciones sociales y se mostraban auténticas, quien era de naturaleza amorosa, expresaba su amor, quien era violento lo dejaba ver, hasta llegaban a confiarle lo inconfesable, porque al fin de cuentas "quién iba a creerle a un loco". Él decía que el mundo está distorsionado por la necesidad de los hombres de ser "amados" o reconocidos por otros, por ser los buenos del cuento, por tener aprobación y librarse de las culpas, que las personas no solían mostrarse por temor a ser rechazadas, así que vestían sus diferentes máscaras y uno nunca podía saber cuál era la realidad, que eso lo había vuelto loco, nunca saber qué cosa era verdad. Pero que, cuando finalmente perdió la cordura, todo empezó a revelarse y él había conseguido una serenidad extraordinaria, que su consciencia del mundo se ampliaba cada día y lograba aceptar todo aquello que estaba viviendo, incluso la soledad en que se había quedado y el rechazo que vivía por parte de un mundo que valora la vida en años productivos. 
Nuestro loco, siempre estuvo loco, vivió y murió loco, con el tiempo logró algo increíble, escribía, pintaba, ayudaba en el centro, meditaba y vivía sus crisis acompañado de sus hojas y su pluma, con tanta naturalidad que no eran necesarios cuidados especiales; eso sí, jamás estuvo listo para volver al mundo, jamás logró librarse de la idea de que el mundo era todo un simulacro y que no sobreviviría si ponía los pies fuera de aquel lugar seguro. Su historia fue bastante breve, un día, con los labios secos, su corazón se detuvo y en la despedida le regaló a Andrea una última mirada de agradecimiento, una mirada que decía quizá "gracias por las hojas, por la pluma y por dejarme vivir loco para siempre". 
Su ausencia dejó un vacío que no logró superarse hasta que el personal del centro fue cambiando por quienes ya no le conocieron y los demás pacientes fueron dados de alta o, al igual que él, dejaron ese mundo en medio de su  locura. En las librerías se pueden conseguir los ejemplares de algunas de sus obras y las pinturas adornan las paredes del centro y las casas de algunos "amigos" que había logrado tener en aquel reducido y "seguro" mundo, yo mismo conservo uno que me entregó aún sin saber mi nombre, "toma, es para ti, te lo doy porque tienes cara de camello" me dijo, y yo sólo pude sonreír y decir gracias, de alguna manera, su presencia intimidaba tanto como te podía hacer sentir cómodo y seguro, él por completo era la más grande dualidad que he conocido. 

sábado, 21 de noviembre de 2015

Una historia definitivamente real

La siguiente historia es, definitivamente real. 

La vida me ha dado una gracia maravillosa, algo que puedo considerar un regalo divino, y lo veo así por el efecto que tiene en mi vida. Eso que les comento, es la gracia de tener belleza en la mirada, y no es vanidad, aunque ciertamente tengo lindos ojos y una mirada encantadora (modestia aparte), hablo de la posibilidad de ver la belleza en todos los rincones que se me atraviesan y para muestra, compartiré un día cualquiera, el día de hoy. 

Desperté antes que sonara la alarma del teléfono, lo cual para mí ya es un regalo, iniciar el día desde la voluntad de mi cuerpo y no desde un sonido de fuera que me arranca del placer del sueño, así que el primer punto de la mañana estaba ganado. Abrí los ojos recordando haber soñado con un ser amado con el que ya no puedo compartir físicamente, pero que me dejó tantos bellos recuerdos y cariño, que el soñarle es sentir su cercanía desde donde quiera que se encuentre, es como si viniera a visitarme, a decirme, aquí estoy, aquí sigo, aún podemos reír e inventar un nuevo lenguaje. 

Generalmente despierto con sed, así que tener una botella con agua fresca a la mano es uno de mis primeros placeres del día, debo confesar que el primer trago es definitivamente glorioso, es como si lloviera dentro de mi cuerpo y la vida despertara, lo recuerdo y suspiro sintiendo el gozo que me produce ese simple detalle. 

Para seguir con el agua, un buen baño con agua a la temperatura que se antoje, siempre anima, es como si el agua arrancase de mi cuerpo los restos de algunas cargas que a veces se acumulan de las situaciones de la vida, es como una renovación cotidiana, una posibilidad de renacimiento en algo bastante simple, y puedo decir que hoy particularmente, he disfrutado del chorro, pues la regadera tiene la cantidad y presión de agua que me gusta sentir Además de eso, frotar mi cabeza a la hora del shampoo es una delicia, es como regalarme una caricia, un brevísimo masaje, un apapacho de mí, para mí, y si soy honesto, tengo la manía de disfrutar las formas que dibuja el shampoo en su caída sobre mi mano. Hoy me detuve a ver el agua caer sobre mi cuerpo y me regalé un momento de contemplarme desde una perspectiva que sólo yo tengo de mí y que confieso, me gusta mucho. 

(En este momento me detuve a ver las letras y me di cuenta del placer que estoy sintiendo al escribir, al ver cómo las palabras se van formando y además, percibí mi sonrisa al estar reviviendo los detalles hermosos de mi día). 

Salí del baño y me alisté frente al espejo, les cuento que después de muchos años mirando con desconcierto mi cuerpo, he llegado a un punto donde me gusta regalarme miradas de amor, sonreírme, bailar conmigo y además, vivir con todos mis sentir ese momento en que cuido mi cuerpo, aunque sea lo mínimo. Siempre me ha gustado elegir mi ropa e imaginar cómo quiero verme ese día, y al final de ese proceso, me regalo un coqueteo y me acaricio el alma desde el gusto que siento ahora por mi cuerpo. 

Cuando finalmente salí, la temperatura era perfecta, ese fresco que permite respirar y que invita a caminar porque sabes que no vas a sofocarte. Sentí mis pasos, experimenté mi postura, jugué con mis ritmos, salí completamente decido y tomé las calles mirando los detalles de las construcciones y sintiendo una gran pasión por el paisaje que me rodea. me encuentro rodeado de cerros plenos del verde de los árboles que los cubren y que son constantemente acariciados por las nubes, al mirar ese escenario, imaginé mi siguiente vida y me sentí feliz. 

Caminar es algo que me gusta mucho, me encanta caminar, sentir el suelo debajo de mis pies, observar como mis pisadas hacen contacto y hacer variaciones que me permitan sentir, experimentar. Así que caminé felizmente, con tiempo suficiente para llegar a mi destino; y cuando me di cuenta, estaba perdido, empecé a reír, porque es una costumbre mía la de perderme, así que ya disfruto cuando me sucede. En el camino vi unos vendedores de flores y decidí comprar unas rosas rojas y unos alcatraces para regalar a mis amigos, así que, a partir de ese momento, caminé perdido con un ramo de flores en la mano, me sentía maravillo, gozaba pensando en la imagen de mí. Di algunas vueltas tratando de corregir el rumbo con la única manera que tengo de ubicarme, mirar hacia todas partes y decidir un camino, el que le resuene a mi instinto, o a mi corazón. Seguí caminando por las estrechas calles con las casas de ventanas hasta el piso, donde imagino historias de amor y chismes cultivados a través de los barrotes. Vi de reojo el patio de una vecindad con banderitas de papel colgadas y sentí que era mágico recorrer lo que tantas veces vemos en fotografía. 


De pronto, en el sueño, como petrificada, vi una mariposa con sus alas extendidas, serena, como pensando a dónde ir, me detuve a verla y me agaché para tomarle una foto, sonreí al verla posando y le di las gracias por hacerme sentir magia y belleza. Seguí caminando, gozando la sensación de estar perdido. 

Volví a mi punto de partida y decidí una nueva ruta, seguía con las flores en la mano y la sonrisa en mi rostro de pensarme perdido en una ciudad tan bien organizada. En fin que justo a tiempo, después de experimentar otro breve extravío, llegué a mi destino, abrieron la puerta y me recibieron con una certera broma, y escandaloso como soy, solté la carcajada y entregué las flores a la dueña de la casa que me regaló un abrazo suave y cálido. 

Empecé a prepararme para trabajar cuando de pronto escuché un llamado a la mesa, "deja el trabajo, vente a desayunar, ándale, deja eso ahora y siéntate a la mesa", sonreí, dejé la computadora, levanté las manos en señal de rendición y me senté a disfrutar de un plato de fruta, jugo fresco de naranja, un tamal delicioso y unos frijoles negros con chorizo. Y además de eso, escuchando anécdotas, compartiendo la mesa y viendo cómo los platos y sartenes pasaban de un lado a otro. Atendido, cuidado, querido, consentido, me sentí tan agradecido de estar con parte de esa familia elegida, que levanté mi corazón al universo y me puse en paz. 

Pronto se llegó el momento de trabajar, así que apresuré el paso y me dispuse a escuchar la interesante historia de una persona extraordinaria, a quien admiro por su serenidad, su calma, inteligencia, nobleza; me sentí agradecido de tener como proyecto de trabajo, la oportunidad de saber un poco más de personas que me han regalado esperanza. Escuché atentamente, descubrí cosas nuevas, me sorprendí, y además de eso, tenía a la mano un delicioso café calientito, que acompañaba perfecto el fresco de la mañana. 

Terminé mi labor y decidí salir a caminar por las calles de la ciudad con una amiga, una persona por demás brillante, amorosa, divertida, comprensiva, qué puedo decir, un regalo de vida, un encuentro de espíritus mágico y nutritivo, un lugar cálido y seguro para mi corazón. Tomamos las calles a paso tranquilo, platicando de nuestras vidas, afectos, ideas, preocupaciones, reflexionando sobre nosotros, riéndo por tonterías y mirando los detalles del camino. Llegamos a un parque al pie de un cerro y entre los árboles, las bancas y todo lo demás, pude ver unas pequeñas casitas de madera para los pajaritos, me resultaron muy curiosas e imaginé el detalle con que las hicieron y lo que pensaba la persona que decidió ponerlas ahí, además, puse con mi imaginación, una gran variedad de pájaros como huéspedes de aquellas diminutas construcciones. 

Como en todo parque, pasamos por los puestos y el antojo de unos churros se apoderó de mí, doraditos y con azúcar, me supieron a gloria y los disfruté hasta que ya no pude más. Mi amiga se compró algo a lo que llaman "papa extranjera", cosa que yo no conocía y que tiene una forma, color, textura y sabor muy curioso, se llama papa, parece jengibre rojo y sabe a jícama, fue toda una experiencia, algo nuevo que probé, me sentí contento, además de saber que era la golosina de muchos niños desde hace años en este lugar. 

De regreso, pasamos al restaurante de la familia y me invitaron un vaso de limonada, fresco y delicioso, de inmediato me transporté a tantos años de mi vida con la limonada como parte de mi día a día, llevarla a la escuela y tenerla siempre en el refrigerador en casa de mamá. Era como beber recuerdos gratos y refrescantes. La charla siguió, las risas, reflexiones, los cariños y después, una deliciosa crema de chayote, qué bárbaro, la gracia de ésta familia para cocinar, es de lo mejor que he probado en la vida, hasta la sopa de verduras. Comí delicioso, casero, calientito. 

Ya para la noche, se reunió más familia, debo confesar que estoy en un espacio donde me siento querido, valorado, apapachado. Así que estaba siendo atendido, abrazado, recibiendo el cariño de personas que me dicen "me da mucho gusto verte", "la próxima vez te quedas aquí", "cuando vayas por allá, me visitas, te voy a dar de comer", son detalles, son cosas tan sencillas, son formas en que las personas dicen "te quiero". De nuevo a la mesa, con la familia ampliada, me ganó el antojo de la cena que estaba comiendo el dueño de la casa, frijoles, arroz blanco y un huevo estrellado con la yema tierna, qué puedo decir, el cielo mismo en un plato. Cené riquísimo y empezaron las anécdotas, risas plenas, toda la mesa era un escándalo maravilloso, compartir, bromear, reflexionar, aprender, aceptar y nuevamente estallar en carcajadas. Yo miraba al rededor y pensaba en lo afortunado que soy de ser recibido en espacios donde, si bien no me llevó la sangre, si el corazón. 

A la mesa los cigarros, no soy un fumador constante, pero de pronto el antojo en aquel escenario me hizo disfrutar de un par mientras seguía la charla, con eso y un vaso de azúcar líquida con hielo, pasé el rato sintiéndome como en un profundo y prolongado abrazo del universo. 

Para cerrar la noche y una vez habiéndome despedido, caminé de nuevo, está vez bajo la típica lluvia fina que apenas y dibuja brillos en la ropa, pero que si te descuidas, terminas empapado. Fui por la calle como quien tiene un acuerdo de paz con la vida, sonriente, contento, pensando en aquello que había escuchado estos días, "lo único que vale la pena en la vida son los afectos", y pensando que tenía que aprender a soltar tantas cosas, que soy realmente afortunado, que aquellos espacios eran como un regalo y que mi corazón sentía emanar energía cargada de amor, que la vida es esto y que yo tenía tanto, que disfrutaba tanto, que era merecedor de ese amor que recibía y que tenía el gusto de poder compartir el amor que yo tengo conmigo. 

Y ahora estoy aquí, en pijama, en una noche fresca, reviviendo con mis letras muchos de los regalos de este día, disfrutando escribir, conversar con amigos y emocionado por leer al menos una página de mi libro recién inaugurado, el cual encuentro muy emocionante, de esos que parece que me eligen y me hablan en el momento preciso. 

Por ahora, no puedo continuar escribiendo, la emoción me tiene muy ansioso por ir a leer y mi cuerpo empieza a relajarse como pidiendo pronto irse a descansar. He decidido que ni siquiera voy a revisar si hay errores en el texto, no por ahora, quizá luego disfrute volver a leer y haga los arreglos pertinentes, por el momento, les dejo un abrazo y deseo que todo les vaya de la mejor manera. 


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Al final todo tiene un costo

La soberbia te aleja del propósito que te tiene aquí. 
- ¿Por qué lo has hecho?
Se escuchó detrás de las cortinas que separaban la cocina del resto de la casa. Era una construcción simple, donde algunos espacios estaban revueltos y otros apenas diferenciados por una tela o por el entendido compartido de lo que eran. 
- No hay una razón, no hubo intención... 
- Aún sin intención, según lo dices, el precio se paga siempre
- Me queda claro
Después de la breve conversación, que aunque no lo parezca, no estaba cargada de nada más que la necesidad de entender, de ir un paso más allá de la conciencia presente, se dieron las instrucciones a seguir... 

Tendrás que dejarlo todo, tomarás sólo aquello que te sea esencial para sobrevivir apenas unos días, y emprenderás camino, andarás con rumbo a la montaña que se ve a lo lejos, no importa el paso que lleves, cada pisada será el camino, cada vez que tus pies toquen el piso y te coloquen en un nuevo espacio, estarás venciendo una meta, te estarás conquistando brevemente. 

Un buen día, se terminarán tus provisiones, pero no te puedes detener, mucho menos regresar, deberás aprender a resolver sobre la marcha tus necesidades, y aprenderás a economizar tu energía, volverás a lo básico, andar el camino te mostrará lo que realmente necesitas y aquellas cosas que son prescindibles. No te preocupes, siempre encontrarás la manera, aún en los momentos más desesperados, hasta que entiendas que la desesperación, la preocupación, la culpa y la angustia, carecen de sentido, un día, cuando recorras en tu mente el camino andado y mires lo que aún falta, decidirás soltar y andar libre y caminar tu presente, sabiendo que todo es pasajero, el hambre, el dolor e incluso las maravillosas vistas y aromas con que has de encontrarte; lo único permanente será lo que aprendas, lo que guardes en tu corazón y conviertas en historia, en parte de ti, lo que te funcione para ser feliz en tu camino. 

Avanzarás lo necesario, lo suficiente, hasta sentir que llegas, y aunque no lo sabrás en ese momento, no habrás llegado, llegar será la fantasía que te sostenga para tomar el siguiente respiro. Cuando estés en la montaña, buscarás una cueva, no importa nada, solamente que te haga sentir cómodo, seguro, que sientas que es tu espacio, puedes considerar lo que gustes con tu mente, pero tu hogar deberás construirlo con el corazón. Una vez en la cueva, aprenderás a respetar el espacio, será el lugar en donde estés y te refugies, pero no será tuyo, ni tú serás de él, la cueva es un sitio más que tarde o temprano tendrás que dejar. 

Permanecerás en la cueva hasta que todos los que ahora te conocen y te aman, te hayan olvidado o que al emprender su propio camino, no hayan podido llevar más tu presencia consigo, experimentarás la más cruda soledad, y vas a llorar, vas a sentir que te arrancan toda la piel y todo perderá sentido por un instante, tus lágrimas van a invadirlo todo, incluso sentirás que tus huesos lloran, y cuando lleves varios días sin dormir y sin comer, cuando el dolor te haya matado toda esperanza y toda expectativa, empezarás a respirar lentamente, sentirás como tu alma regresa poco a poco, y una calma extraordinaria y completamente nueva te invade, te llena por completo la más grande paz, no habrá otro momento en que te sientas más tranquilo, habrás perdido el apego, todo lo que exista en adelante, todos tus vínculos, irán más allá de la posesión y la necesidad, cada despedida será para siempre y cada reencuentro te llenará de alegría como una primera vez. Aprenderás a estar agradecido por cada momento y sabrás como dejarlo ir, nadie será tuyo, y tú no serás de nadie. 

Para cuando sea tiempo de seguir caminando, tu cuerpo habrá cambiado, nadie podrá reconocerte, serás para siempre un desconocido sin historia, y no hablarás con nadie de tu pasado, es más, no hablarás contigo, ni con el cielo, de lo que has vivido antes, serás un hombre nuevo, engendrado del aire, construido de tierra, en tus venas correrá agua y tu espíritu será fuego. Aprenderás a ser diferente y a observar la diferencia; dejarás tu cueva, pero la llevarás para siempre contigo, cambiarás de camino, pero fructificará en ti cada paso que has andado... 

- Ese, querido amigo, es el costo de lo que ahora pides... el camino es infinito y no hay destino, no tienes que pensarlo mucho, siempre se puede cambiar de senda, pero con cada paso formas un camino diferente, nada mejor, nada peor, simplemente diferente, y todo se vale, ten eso presente, no hay peros, no hay reclamo, tu vida es tuya y lo maravilloso es que conozcas en cada momento las opciones, todas, y sepas que eres libre para elegir, al final, todo tiene un costo. 


lunes, 2 de noviembre de 2015

El último respiro

Regresó de aquella caminata de treinta años, había puesto sus pasos en cada sitio que le habían esperado e incluso en muchos donde jamás lo pensaron. Al paso de los años había perdido muchas cosas de las que pueden tocarse y ganado unas tantas de las que nadie podía si quiera ver. Después de andar tantos zapatos, resolvió que sólo quería usar aquellos que fueran cómodos para andar, pues no sabía detenerse, el vestuario elegido era lo que le había quedado, suficiente para protegerse del frío si era necesario, y bastante suelto como para respirar y moverse con libertad, incluso podía quedarse dormido así, y nada lo lastimaría. 

Había aprendido que para sobrevivir necesitaba suficiente agua y dormir de vez en cuando, la comida solía ser algo secundario, aunque de pronto el hambre se volvía insoportable. Como se podrán imaginar, caminaba solo, todo aquel a quién había conocido, a quien había llamado hermano, madre, amigo o amor, se habían quedado en alguna parte, en el sitio que cada quien tiene que ocupar; era por eso que decir que "regresó" era realmente una ironía, nunca había vuelta, quizá anhelo, pero jamás retorno. 

Los años  parecían de pronto tantos y tan pocos, las vidas que pasó quedaban lejanas y a veces daban la impresión de que estaban ocupadas por personas totalmente diferentes, cómo comparar al infante que canta montado sobre una bicicleta creyendo que un Gran Danés es un monstruo, con el adolescente preocupado por el sonido de sus pantalones a la hora de planear el escape, y con el joven que podía recorrer las madrugadas acompañado de un perro callejero que ni siquiera quería comida, tantas vidas había vivido, tantas que podía sentarse los siguientes treinta años a contar historias sobre todas esas aventuras, y sin embargo, una de las lecciones que quedaban por aprender, era el silencio. 

De entre tantas contradicciones sacaba por conclusión su siguiente paso, así que acercó un banco que le recordaba al que tenía su abuela, ese en el que pasaba las tardes pensando que el cielo era en realidad la pared del estómago de una ballena, y emprendió la misión que seguía, hilo a hilo tejería con sus propias manos la piel que debía portar para ser amado. Punto por punto marcaría los cortes y costuras exactos como lo aprendió en su andar, sin importar cuánto le tomara, estaba decidido a dejar de ser para entonces ser, convencido de que valía la pena, quizá era ya bastante grande para seguir teniendo amigos imaginarios y sueños imposibles. En su cabeza resonaba su último deseo, "dormiré un día y al despertar seré aquel, vestiré su ropa hasta que se encarne en mi piel, usaré su nombre hasta olvidar el mío y cambiaré la mirada de mis ojos hasta que un alma nueva me habite, perderé la curva de mi espalda y el hábito de olerlo todo, sumaré a mi voz el tono que de mí se espera y mi respiración sólo tan profunda como sea necesario, renunciaré al escalofrío que me recorre cuando me aborda un sentimiento y no volveré jamás a sentir como mi pecho estalla, conseguiré esa anestesia con la que es posible andar como vivo y los lentes que reducen la posibilidad de identificar tantos colores. Jamás vestiré de amarillo, ni volveré a correr en los pasillos de las plazas, cambiaré la guerra de comida por una reservación en algún sitio donde sirvan buen vino, no pintaré las paredes, ni jugaré a ser una pantera cuando estoy en el sofá, no andaré por las calles alucinando que tengo algún súper poder, ni lloraré las noches de luna pensando en aquellos lobos que tuvieron que volverse hombres. Reservaré la poesía como un tema de cultura y la música no hallará más el camino hasta mi alma, no buscaré formas en todo tipo de manchas, ni lloraré cuando muera una ilusión". 

El sueño de todo  hombre es el de ser amado, el amor se convierte en la paradoja más grande de la vida pues somos capaces de arrancarnos la piel y el alma a pedazos para lograrlo, siendo que la esencia del amor está en la posibilidad de que un otro disfrute de nuestra existencia tal cual es, se goce en la posibilidad de nuestra vida, y en la libertad del amor, ser y nada más. Y sin embargo, vamos por la vida mutilados por el deseo de cubrir las expectativas, sin saber que le apostamos al imposible más grande de la historia, satisfacer el deseo humano. Veamos si no, lo que hacemos con el mundo, no importa cuando bello y perfecto sea, cuan generoso con todo lo que nos ofrece, no interesa, no es lo que pensamos que sería, no es como debe ser, no es como nos gustaría, no es lo mejor para nosotros, simplemente no es. Así vamos por la vida, queriendo ser lo que no somos, para vivir la fantasía de quedarnos y de que alguien por fin se quede, así es como renunciamos a la única posibilidad de experimentar el amor, pues amor con amor se paga, y no para conjugar el verbo amar, sino para entregar la única oportunidad de experimentar el amor, sacrificamos al único que puede darlo y recibirlo, uno mismo, yo mismo, tú mismo, así, tal cual somos, porque juntos hemos construido un mundo del que ya no podemos escapar. 

domingo, 11 de octubre de 2015

La visita

El aviso

El joven invitó a una señorita de México, y no me dijo mucho sobre ella, pero en sus ojos se veía un brillo especial. No es que sea un mal hombre, pero suele ser muy indiferente con las mujeres, aunque pueda ser caballero, al final termina pareciendo un témpano de hielo, es frío y no se deja tocar; yo siempre he pensado que está muy lastimado y eso lo asusta. Conmigo suele ser muy amable, y en general es generoso y solidario, pero cuando se trata de mujeres, es como si en su cuerpo tuviera un esqueleto de imán que las aleja en cuanto pretenden llegar a su alma. 
Sin embargo, ahora, con la visita de la señorita, vi como si su centro se hubiese llenado de calor, seguía asustado, pero no dejaba de irradiar una felicidad acompañada de algo más que no sé cómo pueda llamarse, es como si la señorita trajese consigo algo que a él le hace falta.
Mientras la esperaba, intentaba parecer desinteresado, pero me pidió muchas cosas en su departamento en las que usualmente no ponía tanto cuidado. También pude notar que estaba muy interesado en los planes, me daba la impresión de que quería mostrarle todo lo mejor de la ciudad (o de sí mismo).
Así que al ver todo eso, era fácil saber que la señorita era una persona muy importante en la vida del joven, yo tenía mucha curiosidad por saber cómo era la persona que le devolvía el calor a su alma, que lograba que su luz cambiara de color y que abriera su corazón. Estaba contenta por el joven, aunque pensaba que eso lo hacía frágil, yo siempre había podido ver su corazón como el de alguien con mucho amor, pero lo escondía bastante bien y eso lo hacía sobrevivir, ahora se veía expuesto, y eso a veces es peligroso.

La llegada

La habitación del joven parecía camerino de modelo el día que finalmente iba a llegar la señorita, había camisas, pantalones y zapatos por todas partes, así que cuando el joven finalmente se decidió, me pidió que le ayudara a recoger todo, así lo hice, mientras pensaba en cuánto se estaba esmerando y lo nervioso que parecía. Yo creo que mi esposo jamás se probó más de una camisa para salir conmigo, pero es algo que quizá no puedo saber, así como tal vez la señorita no sepa jamás con cuanto entusiasmo es esperada.
Varias vueltas a la casa bastaron para salir, su mirada al despedirse de mí era como si estuviera pidiendo alguna bendición; yo lo veía pensando en que quizá ese sería el día más importante de su vida, tenía dibujada en el rostro una sonrisa que no le conocía, estaba lleno de ternura o algo parecido, y decido a causar buena impresión. Así que cuando salió de casa lo miré y le dije “hijo, te irá muy bien, es imposible ignorar el amor con el que la esperas”, no sé si fue demasiado, porque lo vi palidecer por un segundo y enrojecer al siguiente. Finalmente se fue corriendo y al poco rato me fui yo también, dejando bien acomodadas las flores que él mismo había comprado.

Ese brillo

No había tenido oportunidad de coincidir con la señorita, pues llegó justo cuando yo tomaba un descanso para estar con mi familia; así que desde casa estaba pensando en cómo seguiría el encuentro, el joven no me había dicho cuánto tiempo se quedaría la visita, así que no estaba segura de tener oportunidad de conocerla.
Llegado mi día de regreso, al abrir la puerta todo se sentía diferente, las flores aún vivas, habían soltado todo su aroma y su dulzura se cruzaba en espiral con el olor de café recién hecho. Aquel espacio se sentía diferente, con aire femenino, generalmente ausente; supe entonces que ella seguía ahí y que su fuerza y energía tenían la capacidad de extenderse y tocarlo todo.
Empecé a hacer mis cosas y no tardando se escuchó ruido en la habitación, apenas y se distinguían los susurros y sin embargo, era muy fácil percibir algunas risas; sonreí, pensé que el joven estaría feliz.
Cuando se abrieron las puertas, salió la señorita acomodándose el cabello y con una amable sonrisa me dio los buenos días, desde el primer instante pude ver su brillo y lo comprendí todo, ella era un ser mágico. Respondí el saludo y ofrecí mis atenciones. De inmediato se asomó el joven saludando, parecía un hombre nuevo, radiante, lleno de luz. Entre pláticas empezamos a planear el desayuno y, aunque ambos se ofrecieron a ayudar, yo preferí que ellos siguieran disfrutando de sí mismos, pues parecían una bendición el uno para el otro.

Futuro incierto

Hasta donde  parecía, la señorita tenía ya una vida hecha en su país, su carrera y todo lo que había construido estaba allá, así que debía, en algún momento volver. Así que la pregunta era, cómo podían separarse, incluso por qué estaban haciendo sus vidas separados si al estar juntos se podía percibir que ambos eran parte de la esencia del otro.
Todo lo que rodeaba su historia resultaba un misterio, pues al estar juntos parecía como si jamás se hubiesen separado o como si eso no fuese a pasar.
Un día llegué más temprano de lo normal y encontré al joven sentado en la barra de la cocina con una taza al frente - de lo que luego supe, era un té – era sencillo saber en qué estaba  pensando, quizá se aproximaba la partida de la señorita, pues era como si él regresara de un mundo mágico a la realidad en la que se había encontrado.
Pasado un rato, ella salió de la habitación con un gesto similar. De forma muy amorosa se acercó a él, le besó la mejilla y acarició su cara, y ambos sonrieron levemente. Sé que yo no debería estar observando todo eso, pero en verdad daban ganas de preguntarles qué sucedía, decirles que la vida era un regalo para disfrutar y que el brillo que ellos compartían al estar juntos era algo realmente extraordinario, incluso para quienes sólo mirábamos.
Al final de cuentas, pensé que ellos mejor que nadie conocían los motivos, que quizá no era su tiempo o esta vida, que seguro había una larga historia imposible de abandonar.

La partida

Unos cuantos días después, encontré al joven de nuevo sentado frente a su computador, escribiendo y con una taza de café a la mano. Un aire fresco había vuelto al departamento, él se encontraba relajado como siempre, con ese halo de lobo solitario con el que lo había conocido. Me saludó amablemente y me pidió algo para desayunar.
Sobre la mesa había quedado una carta con los labios de ella dibujados, y yo supe con facilidad que el corazón del joven se había subido al avión en los brazos de la señorita. No atiné a preguntar nada por temor a sacudirlo, pues aunque se veía gallardo como siempre, se notaba en el fondo que había quedado profundamente tocado por la visita.
No puedo saber qué habrá pasado con ella al partir, y tampoco si volverán a verse o si algún día podrán hacer sus vidas juntos, lo único que para mí estaba claro en esa historia, es que jamás había visto devoción y entrega más grande en dos amantes, era como si hubiesen nacido el uno para el otro.

Los días pasaron y todo volvió a la normalidad, jamás se habló del tema. Él trabajaba, reía con los amigos y seguía siendo el mismo hombre de hierro con las mujeres, inaccesible, lo cual para mí ya tenía una explicación, su corazón tenía inscrito un sólo nombre y sabía amar a una sola mujer, aunque ella no estuviera. Jamás los escuché hablar por teléfono o tener algún contacto, no supe que él planeara, hasta hoy, un viaje a México o que ella buscase volver, sólo de vez en cuando, aquella carta con el beso marcado aparecía sobre la mesa, en cada ocasión más desgastada… 


miércoles, 7 de octubre de 2015

Disertaciones de mercado y amor

Tantas cosas he pensado últimamente, tantos momentos en los que he deseado el espacio íntimo con las letras para poder contarles el cúmulo de ideas que atropellan mi cabeza cada día y hacen el embotellamiento creando horas pico cada vez que se les da la gana. Tantas son, que terminaré, como siempre, haciendo el más burdo resumen de mí mismo. 
Discurrir por ejemplo sobre el amor y la salud mental. En el escaparate en el que nos paramos todos, unos más locos que otros, con un cuerpo que de entrada define parte importante de lo que somos y seremos a cada paso, cómo es posible hablar de amor cuando el mercado ha construido el producto, como todo lo que bien vende, inalcanzable. El precio del amor es la renuncia a toda autenticidad, el amor comercial requiere productos hechos a la medida de los sueños que venden los medios, que compra la madre, la tía, la hermana, el padre, la abuela, el hermano, el tío, el vecino y hasta algún mal elegido amigo o amiga que haya resbalado sin remedio en la casa del jabonero de nuestros tiempos. 
Hay que ser perfectos, felices, exitosos, pulcros, intachables, de una ética y moral incuestionable, hermosos por dentro y por fuera, sanos mentalmente, tener el más alto nivel de rendimiento para vivir y amar, el mejor amante, aquel que puede satisfacer todas las necesidades, físicas, sexuales, estéticas, sociales, emocionales, relacionales, comunicaciones, etc., del otro, de ese otro que por supuesto se siente exigido a lo mismo y ambos (los dos, el uno y el otro) sabiendo al verse al espejo que jamás se ha de encontrar ahí el producto anhelado, "yo no soy suficiente", es la consigna de esta era. Suficiente para qué diría yo... pero yo soy un ente que piensa (porque así me lo enseñaron) que en esta vida hay que hacer lo que a uno le "nazca", una sencilla traducción estaría relacionada con aquello de "lo que se de la chingada gana", pero el concepto de nacer me gusta más, imagino algo que emerge como resultado del juego de elementos auténticos y personales y que se decide en el segundo que levantas la mirada y esbozas una leve sonrisa que le dice al mundo que hay algo que estas dispuesto o dispuesta a hacer. 
A estas alturas del texto, creo que bien merece separar las ideas, de otra manera, van a llevar a las lineas en las que mi lenguaje, pleno de entusiasmo puede confundirse con esquizoide y nada pueda terminar de bien, yo encerrado y ustedes no sé si confundidos, perturbados o comiendo directo del bote de nieve, para cualquier caso, evitemos el conflicto por esta ocasión y dejemos que la mente acelerada respire, el antagonista del café empieza a colgar diminutos yunques en mis párpados y un onírico mundo se dibuja en el espacio que queda entre cerrado de mis ojos. 
Así que sucumbiré... y como dicen en algunos lugares. la dejamos pa' la otra...