jueves, 8 de marzo de 2012

Celebrate Mujer

Mujer, en este día muchas naciones celebran tus triunfos y tu ser entero. Mujer que inspiras pero que ahora sabes bien que también produces cuando la inspiración te toca. Mujer que provocas extendiendo esa palabra a lo posible. Mujer que mueves, que creas, que vives y sientes. Mujer tu historia se revela en la mirada de todos quienes tu nombre pronuncian, mujer merecedora de la honra, mujer que eres mujer y más, mujer persona, mujer humana, mujer niña, mujer abuela, mujer siempre madre, una sola con la naturaleza, que aun si en tu vientre no llevases al hijo, eres madre espiritual en el universo. Mujer que ante ti se posa la fortaleza y la dulzura de todas las que te precedieron, a ti dedican este día y tú dedica tu año a ser feliz. 

Muchos pasos has dado en esta lucha, y muchos más faltan por andar, mujer sigue adelante y que tu compañero haga su propia lucha para encontrarse y compartir camino. Mujer y hombre no son iguales, y en la diferencia merecen amor y respeto, derechos y espacio, mirada y bendición. 

lunes, 5 de marzo de 2012

A la luna sin una letra

Tengo para ti la torre Eiffel metida en un frasquito, tu auto preferido sin problemas de estacionamiento, todos los tonos de azul para que elijas el que mejor te acomode al día y si ninguno cuadra, tengo también un arco iris. Tengo un reproductor de música con tantas canciones como te sea posible desear, con los audífonos diseñados especialmente para tu anatomía. Tengo café siempre listo para acompañar tu día y dotes de cocinero para alimentar tu alma, todo sazonado con amor. Tengo un catálogo con mil paisajes para contemplar a tu lado y la cámara perfecta para capturar los instantes. Tengo las ideas que me inspira la locura que dejas vivir en mi, para acompañar nuestras tardes con frutas de muchos colores y encender por las noches las velas que del aroma a nuestro hogar. Tengo un deseo profundo grabado en el corazón de mi propio corazón que lleva por siempre tu nombre y que grita fuerte por tener una segunda oportunidad. Tengo diez libros y dos idiomas que compartirte, la posibilidad de escribirte y de inventar contigo una nueva forma de hablar. Tengo la mitad del corazón que era nuestra armonía y un nuevo anillo ansioso por colgar en tu cuello. Tengo la misma torpeza y los mismos nervios que recuerdas, la misma mirada y sonrisa y un pecho más fuerte, menos cruel y más bendito. Tengo en invierto el calor que en primavera tanto te agobiaba. Tengo un nuevo peinado y la misma cara. Tengo en la espalda tatuado el símbolo que elegí para caminar en la vida, vida en la cual sigues incluida. 

jueves, 1 de marzo de 2012

La gota

Que me llueva una gotita, una sola nomás. Miro al cielo todo el día, ya no sé ni que postura sostener, lo he intentado sentado, he tratado acostado y muchas horas he pasado parado. Nada. Y mi alma se agota al darme cuenta que no cae ni una gota. En mi frente, en mi boca, en mis ojos o en mi nariz, todo el día la paso esperando a que el agua toque una parte de mí. A veces miro al suelo y me doy cuenta que está todo mojado, mojado mojadito, hasta charcos he pisado, pero nada sobre mí. A veces veo las gotas, como caen a lo lejos, algunas cruelmente salpican a un lado de mí, me dicen "no soy tuya", "no he caído para ti". Yo no puedo apartar los pies de este cuadro de tierra, de este metro cuadrado donde ansío sentir una gota de agua caer sobre mí. He intentado avanzar a un mundo más húmedo, o quizá al desierto donde al menos sepa que no debo esperar, pero nada que pasa, si un ratito me duermo cuando abro los ojos estoy en el mismo lugar. He pensado escupir con la cara pa' arriba para ver si a mi mismo me pudiera mojar, pero agua y saliva no son la misma cosa, seguiría esperando a la hija del mar. En este lío sin vuelta, donde mi felicidad se pasea en las nubes muy lejos de mi hogar, he comprado un paraguas para ver si el desprecio la hiciera reaccionar, pero al verlo la gota se ha mofado cruelmente pues ella hace y deshace cual es su voluntad, sabe bien que yo soy incapaz de abrirlo sobre mi seca cabeza pues en ese instante quizá decida saltar esa gota burlona y lo voy a lamentar.

Un buen día soleado, al deslumbrar del sol he bajado la cara para reacomodar, cuál ha sido la sorpresa que cambiara mi vida, un amigo elefante me ha enseñado a luchar, con las manos o trompas por los sueños queridos y en ese mismo día me he decido a comprar, una larga manguera con que mojarme solo, así ando la vida bailando en los prados y desde aquel día he dormido mejor, sabiendo que soy dueño de mi propio destino que gotas y chorros caerán sobre mí, cuando en cualquier descuido yo abra la llave y moje mi cabeza y cara con todo y nariz. 

martes, 21 de febrero de 2012

Transición Natural

Llegué caminando hasta el parque, era pequeño (el parque), de hecho la gente se refería a él como el "parquesito", tenia una vista maravillosa de la ciudad, se lucía a los lejos una iglesia y un conjunto de departamentos, este último muy cercano a donde yo había pasado mi vida estudiantil, miles de historias, millones de momentos, algunos recuerdos y un dejo de nostalgia. Suspiré y busqué una banca para sentarme. El sitio me negaba la vista pues al acomodarme, quedaba dando la espalda a aquella parte de mi vida. Pasé un tiempo ahí, pero me asaltaba el deseo de voltear y contemplar aquel escenario. Superando un tanto la convención social, localicé una pequeña barda donde podría sentarme y disfrutar el paisaje citadino. No sé exactamente cuánto tiempo pasó, me quedé sentado mirando la ciudad, los árboles que se colaban entre los edificios, las hojas y las ramas que se mecían con el viento suave que parecía congelarlo todo en cámara lenta, incluso a mí. Sentí primero el frío en mis manos, mis dedos se iban quedando sin color, pronto me sentí invadido por ese aire en todo el cuerpo, pies, piernas, rodillas, pecho, espalda, hasta que finalmente se congelaron mis pensamientos y mis sentimientos. Una vez inmóvil empecé a ver como me rodeaban algunas hojas pequeñas, caían sobre mi cabeza, sobre mi ropa, a mi alrededor. De pronto, sentí como las partes de mi cuerpo que hacían contacto con la superficie de la barda se iban extendiendo y abriendo paso entre el concreto para anclarse al suelo, pude sentir como encontraron tierra, suave y húmeda tierra, sentí también como empezaba a respirar por los poros de mi cara, mis brazos, pecho y espalda, el aire a su contacto se tornaba líquido en mi piel y escurría por mis venas como antes lo había hecho mi sangre. Pasaron años antes de que pudiera moverme de nuevo. Vi muchas parejas desfilar ante mi, unas más se cobijaban bajo mi sombra, fui testigo de discusiones, conquistas, reconciliaciones, engaños; leyeron a mis pies muchos libros, vi incluso algunos dibujos y poemas, tareas hechas a las carreras. En ocasiones presenciaba el dolor y las lágrimas de algunos que como yo había llegado ahí a entregar al viento una pena, pero ellos se retiraban a tiempo, antes de llegar a ser lo que yo ahora. No me arrepiento, pasé muchas horas en contemplación, aprendí a nutrirme lo esencial, supe lo que es armonizar, entonar, escuchar, ser paciente, detenerme, dejar ir, transformarme con cada ciclo de las estaciones. Tuve la oportunidad de ser hogar, refugio, compañero, consuelo, descanso, proveedor. Ahora que camino de nuevo, con el corazón sano por los años de quietud, espero a mi paso encontrar un alma que desee caminar a mi lado. 

lunes, 13 de febrero de 2012

Hace falta...

Hace falta enamorarse un poco más, darse un poco más, sentir un poco más. Hacen falta las ganas de cantar, el baile que brote en automático en los pies, los brazos, la cadera, la cintura, la cabeza. Hace falta encenderse un poco más, desear más, apasionarse más. Hace falta crear más, creer mucho más. Hace falta el elemento que acalora y quema, que mueve, que sacude, que altera, que descompone para dar un nuevo orden. Hace falta descansar más, poner pausa, mirarse más, sostenerse más. Hace falta pasar juntos despiertos una madrugada, hace falta saltarse un día alguna regla sólo para vivir lo realmente importante. Hace falta enloquecer más, desbordarse más, nutrir más. Hace falta encender muchas velas, poner música suave, servir un buen vino, servir frutos dulces. Hace falta cerrar los ojos, contener el aliento, respirar el aliento. Hace falta besar más, inventar más. Hace falta quizá que vuelvas. 

viernes, 3 de febrero de 2012

- ¿Puedes creerlo?
- ¿Qué?
- ¿Puedes creerlo o no? 

Asalto nocturno

No podría decir la hora, uno no mira el reloj en esas circunstancias. La habitación estaba obscura y la temperatura estaba entre fresca y fría. Yo, al lado izquierdo de la cama, pegado a la pared, enrollado ya en la cobija y en alguna fase del sueño ya un tanto adelantado, o por decirlo de otra manera, ya profundamente dormido, no podía imaginar lo que estaba a punto de suceder. 

Discreta y sigilosamente, supongo, tu mano se acercó a mi espalda como el arma que se apuntala para tomar el control. Dormido yo y quizá dormida tú también, surgieron las caricias inesperadamente como buscando las pertenencias de mi alma que pretendías hurtar. De pronto, así de la nada, sin haber opuesto yo, la victima, resistencia, disparaste un beso, otro, otro más, una ametralladora impactaba mi cuerpo con tus labios como fusta implacable, y cuando ya no fue posible mantener el sueño, o quizá cuando el impacto de tus besos avivó mi consciencia, y aunque no había de mi parte intento de escapar, saltaste sobre mí como indicando que aquello era un asalto, que tú llevabas la batuta en esa escena, conmovido, estremecido, excitado y sin duda complacido, me decidí a entregar lo que entonces, ya desnudo, poseía, aquello que en respuesta a tus besos salía disparado por mis ojos. 

Entregado, me decidí a responder, a dar batalla, con todo el cuerpo listo y el alma dispuesta fue todo más justo. En equilibrio siguió aquel encuentro de dioses que transforman la piel entera en manos, en ojos, en labios. No había palabras, el encuentro no lo requería, yo podía saber cuál era el objetivo de cada disparo y tú no tenías duda de lo que buscabas. 

Juntos, cercanos, certeros en la lucha, en pleno encuentro de almas, ladrones de gemidos y temblores, fuimos acercándonos a la paz del abrazo en que volveríamos a quedarnos dormidos, no sin antes abrir por fin los ojos para decirnos al final cuánto nos amamos. Ese tiempo, si es tiempo de soñar.