viernes, 5 de agosto de 2011

Demasiado que decir...

miércoles, 3 de agosto de 2011

Una caída

De pronto me invade el deseo de levantar una muralla alrededor de mi cama, me quedo ahí, indefenso ante tu aparente optimismo, no logro comprender, volteo a todas partes y me doy cuenta que he resbalado unos cuantos metros, no caí hasta el fondo pero aun así duele, reviso las heridas, unas nuevas y dos o tres viejas cicatrices abiertas, algunas más que no terminaban de sanar han sufrido repercusiones. Debo detenerme a limpiarlas, debo poner atención para identificar la razón de la caída, empiezo a inspeccionar pero aun con el dolor en vivo no logro ver más allá, además, los metros perdidos me han restado luz, así que estoy un poco a oscuras, debo buscar una luz que me muestre el panorama para hacer todo lo necesario antes de continuar... respiro, debo detenerme un momento, cierro los ojos, voy cobrando aliento, continuaré cuando sea prudente...

jueves, 14 de julio de 2011

Una tarde cualquiera

Miro las nubes pasar, me pregunto a dónde van, si llegarán... siento al viento correr y no consigo su prisa comprender, incluso sé que la tierra bajo mis pies, con toda su solidez, se mueve muy a su paso, el agua, las aves, los perros, los cometas, todos parecen tener una razón para moverse, para seguir adelante, nada se queda para siempre en un lugar... yo quisira saber si cada hoja que cae lleva una ruta o sólo se entrga a los brazos del viento que la hace bailar... yo quisiera conocer la respuesta a la pregunta del destino, del camino, de la meta; yo quisiera encontrar bajo mi cama el mapa que he perdido hace algunas noches con la luna, quisiera descubrir si caminar así, sin comprender a dónde voy o la razón por la que voy, me hará llegar tarde o temprano, si es que acaso se trata de llegar o solamente de recorrer... mientras tanto respiraré aliviando de no poder detenerme, pues ni las piedras, ejemplo mismo de la no vida, paran su curso, aun ellas caminan, construyen... así que, aun siendo yo una piedra, me dirijo a algún lugar y algo he de lograr.

jueves, 30 de junio de 2011

Soñé con un árbol

Bajo la sombra de un árbol se encuentra un soñante, uno de esos hombres que leen cualquier libro porque entienden la vida y saben que el tiempo es tan sólo para eso, para sentarse a leer cualquier buen libro a la sombra de un árbol. Su libro tenía 267 páginas y se encontraba en la número 92, sin prisa repetía aquellos párrafos que por cualquier distracción escapaban a su comprensión. Eran las 6 de la tarde, una tarde de esas en que los grandes árboles dan una apropiada sombra y dejan pasar la necesaria luz para leer un buen libro. Sentado ahí, sin esperar nada, sin más deseo que disfrutar esa maravillosa tarde, ahí lo alcanzaría su destino.

A paso lento se acerca una mujer, bella, radiante, de apacible sonrisa y con una energía que se expresaba aun sobre su calmo caminar, al llegar al árbol se sentó al otro lado del soñante, éste sintió su presencia y de inmediato levantó la mirada, aun sin dirigirla hacia donde se encontraba ella, esperó tan sólo un par de segundos y justo a tiempo, ni antes ni después, en el momento preciso, sonó su voz...

 Te he soñado toda mi vida, justo así mi bello soñante, reconozco tu nombre porque yo te cree para mí, pinte tus manos en mis sueños, y hoy estas aquí, sé que tú también sabes mi nombre, porque me has creado, yo soy tuya y no he podido ser de nadie más, pues siempre te he esperado, te he necesitado, porque mi alma siempre canta para ti. Te he imaginado muchas noches mientras miras la lluvia a través de tu ventana, y soñé con éste árbol, con nuestro encuentro, con el final de nuestra búsqueda. Sé que pasaremos toda la vida juntos porque con amor nos dimos la existencia.

No hubo nada más qué decir, tampoco hubo un beso, no se casaron dos meses después, pero eso si, fueron felices, caminaron de la mano muchos caminos, hablaron muchas palabras, vieron juntos muchos paisajes, se regalaron incontables caricias, se contaron todos los secretos, se cantaron muchas canciones y por las noches bailaban juntos alguna melodía, abrieron su corazón y fueron bien recibidos... aun se sientan a la sombra de los árboles a leer buenos libros, se sonrien cada mañana y se miran con el alma.

Una historia con esa no puede tener final, como lo dice el poema, algun día, "polvo serán, más polvo enamorado".

miércoles, 29 de junio de 2011

Cosas por decir

A veces los colores se tornan oscuros, nublan el jucio, ensucian el alma, manchan la mente.

Hay algunas cosas que quiero decir y las vas a escuchar, detesto tus mentiras, detesto todo esto en lo que se ha convertido mi vida, es una cacería insesante del engaño que resultan ser tus palabras. Hoy no tengo ganas de callar, hoy no quiero ser amable ni adornar las cosas, un engaño es eso y nada más, no tiene razón de ser, no tiene justificación, un engaño lastima, produce enojo y miedo, decepciona, y tú me has decepcionado demasiadas veces ya.

Debes saber que es imposible sanar cuando te enzañas con la misma herida, y hoy ya no tengo miedo de perderte, pues tanto dolor hay en mi alma que me duelen tus abrazos. Por qué no paras de mentir, por qué te empeñas en lastimar, por qué creas una red indescifrable entre tus actos y tus palabras, estoy cansado de sentir, de sentirte, de querer que seas alguien distinto, no es justo para ti que yo deseo que dejes de mentir, tú eres así, asi te gusta ser, así te gusta vivir, adelante. Buscaré respeto para mi también, yo necesito algo distinto, merezco algo diferente, un lugar mejor donde ser yo sin tener que andarme cuidado de los descuidos de otro.

Tengo cosas que decir, son pocas, pero las vas a escuchar, y será la última vez que suenen para ti esta voz, y deberás saber que no he sido yo, que no hay remordimiento, ni culpa, y que de ahora en adelante será más fácil para mi la vida, sin la cadena de esa mentira que siempre te persigue, como si estuviese grabada en tu espiritu... hagamos esto, vamos a hablar.

Derramar emoción

El problema de escribir es que por las yemas de los dedos se me escapan unas curiosas gotitas de viscosa textura y color tornasol, van poco a poco embarrando el teclado hasta dejarlo totalmente pegajoso. Se dibujan en sus marcas rostros y figuras que hablan de mi vida, pero más que contar una historia, más que describir hechos, se puede ver en sus formas y colores la emoción materializada, vez un enojo tal cual fue, una alegria pintada de amarillo con destelloz de verde chillón, vez un frio azul de una nostalgia pasajera, un recuerdo breve de la lágrima que liquidamente me hablaba de un sentir.

Poco a poco se va pintando el cuadro de mi vida, se va moviendo con cierto encanto la viscosa sustancia, va reacomodando y resignificando las experiencias, va dandole sentido a mi existencia, va llenando todo el cuarto con su olor, sus colores, sus indescriptibles formas, todo pleno de emoción, más que un arco iris, más que una cascada, más que una pintura, la esencia del arte, la emoción y algunos sentimientos añejados, otros nuevos, nacientes, otros aparentemente perpetuos, unos mas, confundidos con pensamiento.

Así sería si la piel no fuese esa ventana, a veces bastante gruesa que detiene el flujo de lo que nos sucede detro, ese límite que marca la intimidad, lo privado; aun así vamos dejando gotas de nosotros por todas partes, dentro incluso de las ventanas de los demás, permeando la piel de otros y dejandonos penetrar por emociones ajenas.

viernes, 24 de junio de 2011

Así se dice adiós

Todo ese miedo que te produce mi partida es tan sólo el anuncio de tu despedida, y cada lágrima que rueda por mi ausencia es la certeza de que tú no volverás, aquel que grita con reclamo el temor de ser abandonado es casi siempre el que se va. Y yo divido mis minutos en segundos, para marcar los momentos en que sueño que todo será posible y aquellos en los que la realidad me golpea con pancartas elevadas de la forma en que te veo partir, sutil, lentamente. Hemos pasado de un para siempre a un tal vez, hemos dejado de afirmar perpetuidad, para contemplar remotas probabilidades, hemos ido renunciando a la locura del amor en pos de la cordura insana del miedo.

Te extraño así, llena de promesas, vendiendome ilusiones, siendo la contraparte de mi negativa en la aventura de hablar de un futuro, te extraño en ese vestido de novia con ese par de anillos adornando nuestro compromiso. Extraño ese momento en que en tu discurso no habia duda, cuando tus palabras negaban la entrada a la posibilidad de un día no compartir nuestras vidas, y yo decía "si un día se termina" y tú respondías "eso no va a pasar" ... y ahora quizá hay menos mentiras, pero debo confesar que era hermoso soñar.