En realidad nadie supo nunca su edad, desde que todos recordamos ella era una mujer mayor, una anciana. Todos la vimos siempre con el pelo blanco, largo, trenzado; era bajita y robusta, más bien fuerte, pero la fuerza que se le veía es ese tipo de fuerza que te da el transitar por la vida. Su paso era firme y sereno, cansado en los últimos tiempos, su voz tenía tantos colores que parecía estar habitada por muchas personas, hombres y mujeres de todas las edades, no era particularmente cariñosa, pero sabía querer con las cosas que hacía, quizá no te daría un abrazo si estabas triste, pero podía darte un buñuelo doradito y dulce que irremediablemente te haría sonreír y sentirías una caricia en el alma.
Su sabiduría estaba en las cosas simples de la vida, el quehacer cotidiano, comprendía muy bien que a las cosas hay que dedicarle tiempo y energía para que crezcan y permanezcan, y eso hacía, cada rincón y cada actividad necesaria en los cuidados de la casa tenían destinado su momento, pues ella sabía que no se debe barrer y cocinar a la vez, el polvo se levanta y contamina, y además, a la comida hay que darle un cuidado especial, la comida es la vida, por eso podías verla durante mucho rato parada frente a la cacerola que estaba en el fuego meneando con una palita de madera lo que estuviera preparando, podrán imaginar que hacía un chocolate excepcional, con una sola taza podías sentir como se reparaban en tu pecho heridas pasadas, tristezas profundas. Sus consejos solían sentirse duros, cuando te hablaba sobre algo, dejaba tu cabeza resonando sin poder evitarlo, era certera, tanto que asustaba, y sin embargo, todo lo cerraba con "pero tu sabrás" o algo parecido, una de esas frases que te hacen sentir que hay opciones y que sin importar qué parezca lo correcto, siempre hay más opciones y las puedes tomar, solo deberás comprender que habrá un costo por cada decisión.
Cierro los ojos y puedo verla moviendo la comida, con el fuego bajo la cacerola y la leña ardiendo sin parar, puedo verla habitando dentro de mí, levantando la vista para reconocernos cada tanto, puedo verla anunciando que nada es para siempre, que debemos elegir para qué queremos la vida, el tiempo que nos queda, ese tiempo incierto, ese que a veces pensamos eterno y que suele pintarnos a la cara la realidad. Puedo verla sintiendo compasión por mí, por mi torpeza, por los momentos en que un corazón desbocado me arranca pedazos de vida, momentos de amor; puedo verla sanando mis heridas con esa mirada que me dice que sabe que volveré con más.
Es posible que un hombre no desee más de lo que tiene, es posible... pero no en este mundo.
jueves, 3 de noviembre de 2016
sábado, 10 de septiembre de 2016
Agujeros perpetuos
En aquello de la magia las cosas desaparecen sin destino, existen sin previa gestación, se dan y se quitan, los vacíos se llenan de manera espontanea, y todo lo que existe puede ser cuestionado por incrédulos sentidos. Para hablar de magia hay que hablar de ilusión, hay que construir un muro impenetrable con blancas y suaves plumas, hay que saber convertir en agua en papel, el papel en paloma, la paloma en mensaje y el mensaje en polvo de estrellas...
Y es pensando en la magia que me encuentro ahora conociendo los agujeros perpetuos, esos espacios imposibles de llenar, esos lugares donde, sin importar lo que existe, siempre falta, es el hueco de las almas donde versa la frase "que no me falte la falta", quizá porque nunca nos dijeron cómo se estaba completo, cómo era posible (si es que lo era) aquello de la plenitud, y así, aprendemos a escarbar para encontrar el faltante de cada cosa, de cada sitio, de cada persona, de cada lugar, de nosotros mismos, de las nubes, del aire, de los rayos del sol, sabemos magistralmente pintar el vacío, de un delicado soplo podemos desatar la tormenta que lo convierta todo en ausencia, y nos volvemos náufragos en el destino donde inicialmente había un tesoro...
Y la noche en que me siento a vivir esta realidad sin sentido, es la misma noche que miro de frente a los ojos de una estrella, si, los ojos he dicho, porque si hay en la vida toda clase de incongruencias, hay en mi mente la realidad que se me antoje, y con eso, con eso quizá pueda por fin llenar el vacío, terminar la misión, cumplir el requisito; con eso tal vez pueda dormir tranquilo y soñar que un día podré existir completo.
viernes, 8 de julio de 2016
El terreno de lo irreparable
Así... como niños pequeños tomamos las "cosas" en nuestras manos y las aventamos por diversas razones, porque se resbalan en dedos torpes, para ver el efecto de la caída, porque no sabemos hacer nada mejor con ellas, así... como niños o quizá como adultos torpes, como seres obligados a aprender sobre la marcha mientras vamos pisando y rompiendo todo a nuestro paso, por no saber, por no querer, por no poder... Así es como un día ponemos un pie en el terreno de lo irreparable, en ese sitio sin vuelta atrás, en ese borrador puesto en escena sin oportunidad de afinar detalles. Así decimos, así escuchamos, así juzgamos, dictamos sentencia y condena, así rompemos corazones (incluido el que llevamos en el pecho), así matamos amores, esperanzas, amistades, ilusiones, así como así, "nomás viviendo".
Así también somos la cosa aventada al piso por otro niño, y nuestro corazón se estrella contra el suelo y estalla en mil pedazos, a veces sana, a veces, aprende, y otras veces se pierden los pedazos que han salido volando por todas partes. Así todos, así todas, así juntos y a solas, así vamos sin tregua en esta vida de ensayo, "ojalá lo hubiera hecho diferente", "ojalá no lo hubiera hecho", "ojalá hubiera sabido que esa no era la respuesta correcta, la esperada", "ojalá hubiera podido leer tu mente y pensar como tú para saber exactamente qué hacer...". Todos esos son deseos de los corazones mientras aman, mientras se encuentran con la vida haciendo su mejor posible, esa "buena idea" que resultó ser lo peor que pudimos haber hecho, y así... algunas veces, se rompe lo que vuela y quien lo lanza, y nos vemos a oscuras intentando juntar los pedazos de una vida que no ha podido ser perfecta, ni para mí, ni para ti, ni para cualquiera en el mundo. Vemos nuestro libro lleno de tachaduras, con hojas arrancadas de nuestra memoria, con todas las veces que nuestra pluma dejó de pintar, y en medio de todo, la vida sigue, nada ni nadie se detiene a esperar a que aprendas, el precio se tiene que pagar por los errores cometidos y eso no tiene remedio. Quizá los bancos sean más indulgentes con las deudas que nosotros con el prójimo o con nosotros mismos, pero lo que hacemos es tomar aquel pedazo suelto de la vida de alguien como mazo y dar o darnos con todo, como si no hubiera un mañana...
Así nos encontramos, juntando las piezas que alcanzamos a recuperar del suelo para ver qué figura logramos armar y eso le llamamos otro, y en el terreno de lo irreparable queda fijado con mayor facilidad cualquiera de nuestros errores, todo lo dicho en los momentos duros, todas las balas que se soltaron cuando no pudimos contener el arma dentro de nosotros, cuando perdimos el control, cuando no tuvimos "la mejor manera" o nuestra mejor manera no fue suficiente, no fue lo que se necesitaba o esperaba, así nos quedamos pisando en el aire, rotos y llenos de rencor, llevando el expediente de lo sucedido, abriendo el archivo para encontrar la manera de ir cada vez más profundo a esa tierra donde habita el dolor de los golpes de la vida, no los que sirven para aprender, sino aquellos que la hacen de suelo donde han de azotar nuestras mejores intenciones y nuestras peores estrategias.
miércoles, 8 de junio de 2016
La pluma del destino
Caía la noche y unas gotas de lluvia golpeaban el piso y las ventanas como si alguien estuviese aventando algo desde lo alto, eran gotas gruesas, de esas que caen muy separadas unas de otras, así que tardé un poco en distinguir si realmente llovía. Los relámpagos y truenos anunciaban la primera tormenta de temporada de lluvias. Yo... yo no dejaba de pensar en la existencia del destino. Esa vez no era algo romántico, era pensar en el destino como esa sentencia que escribimos para nosotros mismos, como aquello que guardamos en el fondo de nuestro ser, cosas que a veces olvidamos o no alcanzamos a ver porque quedaron ocultas, incluso para nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón.
En eso andaban mis pensamientos, cuando de pronto imaginé que no podíamos escapar de aquello que debíamos aprender, que las situaciones quizá serían por siempre las mismas y que la verdadera revolución, aquello que podía romper con la sentencia de un destino, era la posibilidad de transformarnos dentro, dar el salto, salir disparados de aquel círculo en el que parecíamos estar atrapados permanentemente y que se repetía en nuestra vida como una condena.
Muy revelador... casi inspirador... hasta que te preguntas "cómo"... cómo se supone que escaparé de mí mismo, de mis miedos, de mis ideas, de mi dolor, de mi rencor, de todo lo añejo que se ha sembrado en mi historia, cómo sanaré las heridas viejas y dejaré de hacer nuevas con las fantasías que habitan mi mente. La verdad es que no lo sé, por ahora sólo me siento atrapado en un ir y venir de situaciones que se miran conocidas, que quizá son diferentes o que puede que se agudicen con el tiempo, no sé cómo voy a hacerlo, pero tengo muy claro que debo empezar...
miércoles, 27 de abril de 2016
El último café
Siempre queda espacio para un último... no importa lo que sea, pero siempre existe. La vida me ha enseñado que nunca hay segundas oportunidades, que la oportunidad siguiente es nueva o no existe, es el mismo principio del río que es y no es el mismo. La vida tiene sus rayas, sus acordes, sus aromas y los viajes que cada uno hace dentro del misterioso laberinto del tiempo que nos habita.
Frecuentemente recuerdo esa película donde una persona era en realidad el personaje de una historia que alguien más escribía o quizá aquel personaje era en realidad una persona, el asunto es que quisiera saber de qué mano salen las letras que describen los caminos que tomo a cada paso, lo que acomoda y desacomoda mi mente, lo que me da ese incierto toque de locura y el descosido perfecto para andar de interesante por la vida.
Esta noche, ni siquiera es de madrugada, ni siquiera tengo excusa, no tengo razones, no tengo nada más que los restos de un café que me transporta, suficiente para una taza, una taza que bien pudiera ser veneno o el más fino de los licores, pero no, es café, porque así de simple resultan ser las cosas.
Un ser humano cualquiera no sabe reconocer el ardor de una herida, no sabe, no entiende y no concibe lo que se siente la caricia del fuego del infierno, tampoco ha vivido un sólo día en el paraíso ni ha comido fruta prohibida que le destierre del mismo bajo el castigo de un Dios, a fin de cuentas, el que sea.
Yo en cambio, me paro desde hace más de 20 años a mirar las estrellas y pedirle un par de cosas, ninguna de ellas concedidas, porque cuando uno tiene un destino, los deseos no interesan o quizá son esos deseos parte de la lección, aceptación, el reto de la ambición del hombre.
Voy en este instante a preparar café... quizá porque con el pretexto del deber quisiera provocar un insomnio que me libre de cualquier pesadilla o quizá porque auténticamente quisiera resolver los pendientes de diario para mañana amanecer perdido en un sueño y tener el derecho de quedarme.
Frecuentemente recuerdo esa película donde una persona era en realidad el personaje de una historia que alguien más escribía o quizá aquel personaje era en realidad una persona, el asunto es que quisiera saber de qué mano salen las letras que describen los caminos que tomo a cada paso, lo que acomoda y desacomoda mi mente, lo que me da ese incierto toque de locura y el descosido perfecto para andar de interesante por la vida.
Esta noche, ni siquiera es de madrugada, ni siquiera tengo excusa, no tengo razones, no tengo nada más que los restos de un café que me transporta, suficiente para una taza, una taza que bien pudiera ser veneno o el más fino de los licores, pero no, es café, porque así de simple resultan ser las cosas.
Un ser humano cualquiera no sabe reconocer el ardor de una herida, no sabe, no entiende y no concibe lo que se siente la caricia del fuego del infierno, tampoco ha vivido un sólo día en el paraíso ni ha comido fruta prohibida que le destierre del mismo bajo el castigo de un Dios, a fin de cuentas, el que sea.
Yo en cambio, me paro desde hace más de 20 años a mirar las estrellas y pedirle un par de cosas, ninguna de ellas concedidas, porque cuando uno tiene un destino, los deseos no interesan o quizá son esos deseos parte de la lección, aceptación, el reto de la ambición del hombre.
Voy en este instante a preparar café... quizá porque con el pretexto del deber quisiera provocar un insomnio que me libre de cualquier pesadilla o quizá porque auténticamente quisiera resolver los pendientes de diario para mañana amanecer perdido en un sueño y tener el derecho de quedarme.
domingo, 7 de febrero de 2016
De chile, de mole y de dulce
Hace vario días que tenía pensado visitarte, no dejaba de pasar por mi mente el venir y hablar, estar aquí, el simple hecho de estar ya me genera una calma que no puedo explicar. Quiero contarte tantas cosas, y tú, como siempre, en un silencio perpetuo, ese que me permite dejar todo lo que soy ante tu mirada libre de juicio. Aún con todo la serenidad que te envuelve, mi corazón se acelera al estar en este sitio.
Éstos días he experimentado muchas cosas, se han puesto a prueba mi fuerza y mi entereza, al mismo tiempo he participado de las maravillas más hermosas de la vida, y por incontables momentos me he detenido a darme cuenta de que lo tengo todo. La plenitud es algo que se logra en aquellos instantes en que nos detenemos a respirar la vida.
Como ser humano, estoy frente a uno de los retos más grandes de mi historia, vivir el presente, quedarme por sobre todas las cosas, aquí, en este lugar, en este momento, y honrar el pasado como aquello que nos ha construido, tomar lo que sirve y dejar ir todo lo queda sólo para empolvarse y hacer pesado nuestro camino, hoy estamos aquí, siendo quienes somos, no hace falta traer en el llavero la presencia de lo que ya no es, ni será. Por otro lado, cuando el pasado se hace presente, es necesario prestar atención y descubrir qué es lo que aún necesitamos de ese sitio; lo dice alguien que piensa que todo lo que hacemos o buscamos en esta vida, tiene ganancia, incluso aquello que parece hacernos daño o de hecho lo hace, la vivencia de ser víctima, también tiene sus ganancias, así que aprender a hacernos preguntas legítimas suele ayudar a comprendernos y escapar de la trampa que solemos tendernos.
Entre pasado y presente, me encuentro también reconociendo que hay realidades en otras personas, que si lo permitimos, trastocan nuestra calma. Cuánta gente a nuestro alrededor vive situada en el pasado o en el futuro de una "fantasía catastrófica" (como me enseñaron en proceso terapéutico), y sin embargo, eso es algo que no podemos arreglar, solamente podemos decidir cómo relacionarnos con esas personas, de tal manera que no terminemos enganchados en el desafortunado mundo en que se encuentran.
Y como siempre, todo tiene su costo, pues a veces, quienes se resuelven a vivir en el drama, el chantaje, la manipulación, el sufrimiento, la violencia y todos esos vicios, no son capaces de cuestionarse y por supuesto, son inamovibles, dueños de una razón absoluta a la que tendríamos que someternos, eso, o aprendemos a ser firmes y tomar las riendas de nuestra vida, todo, insisto, con costos, y todo será válido, así que es mejor que lo hagamos consciente y de esta manera dejamos de sufrir porque no somos monedita de oro, o niños/niñas bonitos y perfectos (a los ojos de quién), así de golpe regresamos a una realidad donde somos seres históricos, con capacidad de dar, de amar, ser generosos y virtuosos, y a la vez, con dolor, miedo y malas decisiones, y no hay una sola cosa que nos defina, somos todo eso (y más), y somos sobre todo, lo que elegimos en el presente.
Así que, o nos situamos y decidimos ahora mismo lo que realmente queremos para nuestra vida, o le seguimos jugando al pobre ciego víctima y esperando que alguien resuelva nuestra felicidad, haga lo que queremos (que a veces ni siquiera sabemos qué es) y nos ponga una estrellita que nos marque como "los mejores", siempre teniendo en cuenta que cada decisión tiene costos, para nosotros y para quienes nos rodean.
El tema de quienes nos rodean tiene cierta fascinación en mi mente, pues veo como las personas tendemos a vivirnos como súper héroes, salvadores, que tenemos que hacernos cargo, defender, cuidar, proteger y decidir lo que es mejor para otros, porque los amamos y los queremos ver "bien" (en nuestros términos y para nuestra complacencia). Me he dado cuenta que yo he jugado ese papel en varios momentos de mi vida, logrando limitar las posibilidades de crecimiento, libertad y aprendizaje de aquellos a quienes digo amar. Permitir que una persona asuma la responsabilidad de su vida, tome sus decisiones, viva, aprenda, busque soluciones, disfrute, y tener el valor suficiente para sentirnos felices por verle ser quien es, eso es amor, tengo la fortuna de conocerlo de cerca, de ver como alguien que me ama, a pesar del dolor, renuncia a sus expectativas y miedos, y aprende, trabaja y hace lo que le toca, crece, nutre su espíritu y entonces podemos tener un encuentro de amor, a mí, por supuesto, me toca mi parte; y perdonen el exceso de ego, pero en esto de las responsabilidades, si es cada quien lo suyo, no hay otra manera, porque aquello que no puedes resolver, no es tu problema, así de simple, deja que lo resuelva (aprenda, viva, crezca, disfrute) quien puede hacerlo (así es como la vida me ha enseñado un poco de la castración). Y bueno, cuando estas del otro lado (siendo cargado), también aplica tomar decisiones y bajarse de la comodidad de ese lomo, esforzarse por el derecho a una vida y una relación diferente, cuando te preguntes "pero qué voy a hacer", siéntate con papel y lápiz en mano y anota las muchas opciones que seguro tienes, incluye las más absurdas y verás lo amplio que es el mundo. Claro, todo esto sólo y únicamente si es lo que quieren, también se vale vivir estacionado jugando a las víctimas y súper héroes, no a todos nos funciona lo mismo.
Yo como siempre, hablando de todo y de nada, o sintiendo que así o hago. Espero que alguien encuentre algún sentido en éstas letras y si no, pues ni hablar, total ni quería ser el súper héroe de nadie XD ...
Dejo colgado un abrazo por aquí, de esos que se pueden usar cuando se necesiten.
Firmo Yo
domingo, 6 de diciembre de 2015
Él, el loco
Su historia recorrió muchas bocas y fue construida por muchas mentes, incluso las de quienes jamás le vieron, era llamado como muchos hombres en el mundo "el loco". Era un loco muy peculiar, cuando yo escuché de él, se encontraba ya internado en un centro de cuidados especiales, decía el personal que había días en los que nadie entendía por qué estaba ahí, estaba completamente lúcido, era amable y solidario, tenía buena charla y podía opinar con coherencia sobre muchas cosas, ayudaba a otros internos y era muy paciente, incluso, en alguna ocasión, los visitantes llegaron a confundirlo con parte del personal. Decían que era buen actor, y por eso se hizo tan difícil establecer un diagnostico y dejarlo ahí dentro, un poco el asunto es que jamás lograba sostener su cordura, tarde o temprano llegaba el día en que se desconectaba del mundo y todo era diferente.
Andrea, una enfermera que atendía en su pabellón, solía observarlo con detenimiento, así fue como aprendió a anticipar sus crisis, pudiendo reconocerlas hasta un par de días antes de que sucedieran, solía decir que él daba pequeños signos, miradas, formas de respirar, movimientos sutiles con su cabeza y con sus orejas, ella había observado mucho y poco a poco fue también resolviendo aquellas cosas que le permitían cierta calma en medio de la tormenta.
Era un loco interesante, pudiéramos decir que tenía cierto talento o encanto, nadie le tenía miedo, aunque sí algo de pena. Había empezado como muchos, siendo visitado por sus seres queridos, y como muchos, también, había sido abandonado al paso del tiempo. Era normal y todos entendían en este mundo, que ir a pasar tiempo con un loco no era algo productivo, ni prioritario, todos tenían cosas qué hacer, y si acaso fuera por morbo, pues pasado el rato se quita lo interesante.
Dicen que había sido un hombre muy productivo y exitoso, que tenía una inteligencia algo especial, no sobresalía lo suficiente como para ser un genio de nuestros tiempos, pero si era capaz de resolver y comprender muchas situaciones de una manera profunda. En aquel entonces, era orgullo de su familia, amado proveedor y generoso compañero, hasta que la locura les arrebato todo...
En sus días de crisis solía quedarse en la cama muchas horas, y si, a veces días, no hablaba con nadie y pocas veces lograban que tomase alimento, a veces lloraba, otras tantas tenía conversaciones en solitario moviendo las manos y la cabeza, y cuando se quedaba dormido, parecía que sólo tenía pesadillas, pues su sueño era agitado e intermitente. No le gustaba que lo tocasen y parecía tenerle miedo a todo y a todos, solamente había un "amigo", un interno más del pabellón que lograba acercarse un poco y sentarse junto a él en silencio, era casi mágico ver cuando en un descuido, nuestro loco tocaba a su acompañante apenas con un dedo.
Un día, en medio de una crisis, con nuestro loco sentado en el suelo de su habitación, con las rodillas encogidas en señal de un temor extraordinario, Andrea, la enfermera, decidió intentar algo a expensas de las autoridades del centro de cuidados, quienes seguramente lo hubieran prohibido al considerarlo peligroso, apenas y se asomó a la habitación, y antes de que el loco empezara a gritar, llorar o sacudirse, le dejó en la puerta, sobre el piso, varias hojas blancas y una pluma; él encogió las cejas sin entender, y se quedó alerta durante largo rato, a pesar de que ella se retiró de inmediato. Cuando por fin se sintió seguro, se acercó lentamente a las hojas, y junto con la pluma, las llevó hasta donde estaba. Poco a poco se fue decidiendo a experimentar con aquello, no sin dejar de mirar a todos lados como quien espera que alguna trampa detone en cualquier momento. Finalmente, con un aire de travesura, abrió la pluma y en la primera hoja hizo toda cantidad de garabatos sin sentido, lo mismo en la segunda y la tercera. Al llegar a la cuarta hoja parecía mucho más tranquilo y menos excitado, así que comenzó a formar palabras, al principio, la letra era totalmente ilegible, era como si su mano no consiguiera alcanzar el ritmo de su mente, así que sobre el papel quedaron trazadas líneas que simulaban palabras, peor aún que en una receta de hecha por cualquier galeno. En aquella ocasión, el episodio de crisis transcurrió con más calma, y no podemos estar seguros, pero se especula que duró menos de lo que podía.
Para momentos siguientes, Andrea había decido experimentar con colores, y el loco a veces los recibía bien y otras veces salían volando por el pasillo como si representara la mayor ofensa en la historia de la locura, pero eso sí, la pluma era siempre bien recibida. Pasó mucho tiempo para que los médicos se enterasen de las acciones de aquella intrépida enfermera, y aunque la reprendieron por el riesgo tomado, se sintieron sorprendido al ver que el loco estaba empezando a escribir cosas que podían tener algún sentido, y que incluso, resultaban muy interesantes y entretenidas para algunos de ellos (los más locos quizá).
En un momento de lucidez, el loco llamó a Andrea al jardín y le pidió charlar, estuvieron ahí sentados durante un rato mientras el le decía que por favor no permitiera que perdiera su locura, que era lo único que le hacia estar a salvo, que al estar loco, la gente olvidaba ciertas convenciones sociales y se mostraban auténticas, quien era de naturaleza amorosa, expresaba su amor, quien era violento lo dejaba ver, hasta llegaban a confiarle lo inconfesable, porque al fin de cuentas "quién iba a creerle a un loco". Él decía que el mundo está distorsionado por la necesidad de los hombres de ser "amados" o reconocidos por otros, por ser los buenos del cuento, por tener aprobación y librarse de las culpas, que las personas no solían mostrarse por temor a ser rechazadas, así que vestían sus diferentes máscaras y uno nunca podía saber cuál era la realidad, que eso lo había vuelto loco, nunca saber qué cosa era verdad. Pero que, cuando finalmente perdió la cordura, todo empezó a revelarse y él había conseguido una serenidad extraordinaria, que su consciencia del mundo se ampliaba cada día y lograba aceptar todo aquello que estaba viviendo, incluso la soledad en que se había quedado y el rechazo que vivía por parte de un mundo que valora la vida en años productivos.
Nuestro loco, siempre estuvo loco, vivió y murió loco, con el tiempo logró algo increíble, escribía, pintaba, ayudaba en el centro, meditaba y vivía sus crisis acompañado de sus hojas y su pluma, con tanta naturalidad que no eran necesarios cuidados especiales; eso sí, jamás estuvo listo para volver al mundo, jamás logró librarse de la idea de que el mundo era todo un simulacro y que no sobreviviría si ponía los pies fuera de aquel lugar seguro. Su historia fue bastante breve, un día, con los labios secos, su corazón se detuvo y en la despedida le regaló a Andrea una última mirada de agradecimiento, una mirada que decía quizá "gracias por las hojas, por la pluma y por dejarme vivir loco para siempre".
Su ausencia dejó un vacío que no logró superarse hasta que el personal del centro fue cambiando por quienes ya no le conocieron y los demás pacientes fueron dados de alta o, al igual que él, dejaron ese mundo en medio de su locura. En las librerías se pueden conseguir los ejemplares de algunas de sus obras y las pinturas adornan las paredes del centro y las casas de algunos "amigos" que había logrado tener en aquel reducido y "seguro" mundo, yo mismo conservo uno que me entregó aún sin saber mi nombre, "toma, es para ti, te lo doy porque tienes cara de camello" me dijo, y yo sólo pude sonreír y decir gracias, de alguna manera, su presencia intimidaba tanto como te podía hacer sentir cómodo y seguro, él por completo era la más grande dualidad que he conocido.
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