viernes, 7 de diciembre de 2012

Eres la diferencia entre cerrar los ojos y soñar

Tres taza de café en un termo, tres sobres de sustituto de azúcar y un cúmulo de crema en polvo, ese es el combustible de un pecho que retumba como un amplificador de gran potencia, quien lo escuche podría pensar que estoy a dos segundos de morir, pero lo cierto es que llevo así más de una hora. Mis ojos bien abiertos y mi mente completamente alerta deseando descuidarse para ver aparecer la magia. 

Me siento frente a la pantalla sin poder concentrarme, mi deseo se cruza con mi razón, mi deber con aquel loco impulso de salir tras un improbable sueño. Tengo en las manos concentradas las palabras que pueden bien cambiar mi vida, tengo media hora respirando para evitar que mis anhelos se trepen en un globo aerostático y se vayan varios kilómetros arriba en el mapa. 

Sin duda soy la figura de cualquiera que haya caminado con una guitarra en la espalda deseando que eso lo convierta en buen músico, soy el ritmo de la canción que bailas en tus sueños, mientras que al despertar soy un visaje de tinta permanente que intentas borrar del fondo de tu memoria. 

Tú eres el encuentro que tengo cada día con el mar, eres el rojo sol de la sabana y la esencia del amor puesta en un pequeño frasco sellado que yo mismo coloqué en lo más alto del armario, muy fuera de mi alcance pues al bajarme destruí la escalera que servía de puente entre mi realidad y mi deseo. Eres la ráfaga de viento que provocas con tus largas pestañas al cerrar los ojos, y la sombra de un cerro cuando llego a la cama por la noche. Eres espuma, burbuja de jabón, eres la mayor parte del tiempo como la h, aunque tu sonido en mí esté siempre presente. Eres la diferencia entre cerrar los ojos y soñar, eres mi estrategia para sobrevivir, la llave del cajón donde escondí el secreto para amar y ese final feliz que existe en mis noches de insomnio. 

Yo soy el que te escribe, el que te canta, te piensa y a veces el mismo que te dibuja con su aliento en el aire, soy la mitad de lo que era cuando fui contigo, más la mitad de lo que estoy siendo ahora que no somos más. Soy la estrella que te mira fijamente cuando te detienes por la noche y en el día soy la nube que se forma con el llanto que aguarda en mi alma para llorarlo contigo. 

Somos totalmente otros y nosotros mismos, somos tu y yo cada uno envuelto por un mundo de duendes gigantes y sirenas mudas, somos la verdad de una mentira que late dentro de las paredes con que se erige un edificio burocrático. Somos lo que hay en el fondo de la olla, eso que sólo la cuchara sabe, lo que aparece cuando los ciegos pueden ver las quince patas de una serpiente, somos todo, somos un agujero negro en el centro de la tierra, todo aquello que está fuera de lugar y lo que de su lugar jamás se ha movido, somos el ejemplo del destino y de todo aquello que no estaba planeado, somos el altar de un ser amado, el ritual de lo olvidado, la caja donde vive mi arrepentimiento y la indisoluble necesidad de un eterno abrazo. 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Retratos de muerte

- Quítate de la ventana, que no ves que ya vienen los muertos
- He estado pensando si morirá algún día... 
- Eso es imposible
- ¿Por qué lo dices? 
- Cómo puede morir alguien que nunca ha vivido
- Vivir es un concepto complicado
- Y un ejercicio también... 

Las mañanas de aquellos días el sol tenía un extraño aspecto, pero sólo pudo haberlo notado aquel que lo miraba de frente, para los demás, todo pasaba desapercibido, aun cuando los cambios en el astro rey matizaban las cosas en tonos levemente distintos a los que comúnmente aparecían, lo cual hubiese sido relevante si aun quedaran personas que observan con detenimiento los colores de las cosas. 

En la esquina de una casa vieja, que alguna vez estuvo pintada de amarillo y hoy sólo queda el rastro del recuerdo tras la humedad que tiñe de verde sus paredes, ahí se encuentra sentado un perro; sus ojos se mueven de un lado al otro viendo pasar las ánimas que vienen de visita, de tanto en tanto avienta un ladrido como saludando a los que conoce; la muerte nos toca a todos, dice de pronto una anciana que lleva 12 años pepenando basura en las calles, antes era diferente, pero un día su hijo bueno murió y los demás, digamos que habían muerto mucho antes. 

En el pabellón de incurables del psiquiátrico local un interno cuenta la historia de la vez que murió bajo los rieles de un tren que llevaba papas a un pueblo lejano, del público que ostenta nadie le entiende pero a algunos el medicamento les provoca una mueca parecida al interés, en un rincón una enfermera piensa que la voz de aquel loco es envolvente, si estuviera cuerdo sería un gran orador, por andar pensando se ha descuidado y dos mujeres que están a su cargo andan ahora peleando por quién es la verdadera reina del maíz, entre los gritos de aquella feroz batalla se escucha como cada una defiende su propio parecido con una mazorca de aquel tesoro azteca. 

Un hombre joven y calvo se encuentra sentado en un tronco con las manos en la mejillas como haciendo un gran berrinche, si pudiésemos escuchar sus pensamientos sabríamos que está enojado con su padre muerto porque nunca le enseñó a decir te quiero ni con palabras ni con el cuerpo y ahora él se encuentra en tremendo lío queriendo relacionarse con su mujer y sus pequeño hijo del modo que él tanto deseaba cuando era pequeño. Lo que más le molesta es que no estaría pensando en eso si no se hubiese puesto a leer un papel que encontró mientras sacaba el martillo de la caja de herramientas, aquella nota era una lista de clavos y tornillos de diferentes tamaños que alguna vez su padre necesitó y él las fue a comprar, eso fue dos días antes de que un infarto anulara por completo la comunicación entre los dos. 

Pero ¿Qué es morir? pregunta insistente una pequeña de no más de 5 años a la mujer que la cuida desde que tenía 2, la pobre ya no sabe qué decir si ya ha hablado de cielo, ángeles, nubes, corazón, amor; ninguna de esas palabras termina por resolver la duda de la niña que no se rinde mientras trata de comprender lo que hace poco le pasó a su gato. 

En los altares del pueblo se ven todo tipo de fotos, algunas muy viejas y otras renovadas a computadora. En algunas casas las fotos son tan modernas que todavía provocan llanto en quienes la miran. No hay duda, la muerte es una justa irrespetuosa de los esquemas humanos, fotos de todo puede verse, abuelos y abuelas, ancianos que no fueron abuelos, algunos ni siquiera padres y sus fotos están en el altar de algún pariente que casi de casualidad los recuerda. Hay hombres y mujeres, niños, niñas, animales, las fotos de los peces son las más difíciles de distinguir, hay una donde aparece un destello blanco y sólo puedes saber que es un ratón porque quien la puso ahí lo dice en cuanto ve la cara de desconcierto que provoca la imagen. La muerte es así, eterna, porque uno vive por un tiempo, pero morir, eso es para siempre, es la única certeza que nos espera desde que nacemos, cómo no amarla si acompaña cada bocanada de oxígeno que entra a nuestro cuerpo, vaya uno a saber si en una de esas un poco de aire pueda también matarnos. 

En esta vida todo el mundo muere, aunque para ese momento no todos habrán vivido. 

sábado, 27 de octubre de 2012

Un pasito a la felicidad


Es muy probable que no me conozcas y que yo no te conozca a ti, si te estás preguntando a quién le hablo, no busques más allá de tu piel, estoy hablando contigo mi estado lector o lectora. Siempre que me dispongo a enfilar letras para ti, pienso y me pregunto cómo serás, dónde estarás tropezando con mis palabras, si de algún modo lo que escribo te sirve o te resuena, y pienso en ti porque te imagino tan humano o humana como yo, imagino tus ojos similares a los míos recorriendo éstas palabras, y suelo hacer esto porque tengo fe en que un día los seres humanos nos reencontremos en nuestra humanidad, así que ten por seguro que cuando escribo lo hago para ti, porque una parte de mi desee fuertemente que seas feliz, porque si tú eres feliz, éste mundo será mejor.
Una vez enviando el mensaje anterior, hoy quiero hacerte una invitación, he pensado mucho al respecto de nuestro mundo, de lo que está sucediendo y de cómo todos estamos siendo afectados. No sé si a ti te suceda, pero cuando me pongo a pensar en todo lo que pasa, me siento agobiado, a veces me enojo y otras veces me da tristeza; sin embargo llega un momento en que salto a lo que sigue y me pregunto ¿yo qué puedo hacer? Y entonces pongo manos a la obra y pienso si hay otros y otras como yo que están haciendo un esfuerzo por cambiar nuestra situación, y mi alma descansa cuando de repente conozco a alguien que tiene la misma pasión por reconstruir un mundo donde la felicidad sea prioridad y norma, esa felicidad que se siente brotar en el pecho ante los eventos más sutiles e inesperados, como ver un arco iris, como sentir la lluvia o ver un bicho de esos que suelen vestir coloridos uniformes.
Mi invitación de hoy se trata de eso, quiero invitarte a ser feliz. Seguro vas a pensar que lo digo como si fuera tan fácil, sé que puede no serlo, que construir felicidad implica esfuerzo, pero créeme cuando te digo que el costo de vivir sin darnos cuenta de la vida es mucho más caro. Vamos a hacer un trato, yo pongo la oferta del primer paso y tú decides si lo intentas, de cualquier modo así es, cada quien puede hacerse cargo sólo y únicamente de su propia felicidad.
Para empezar te voy a pedir que te detengas, si, que hagas una pausa en tu vida justo en este momento, respira profundo y presta atención a dónde estás, qué haces, cómo te sientes, cómo se siente tu cuerpo, qué llevas puesto, qué estás pensando, permanece por un momento aquí y ahora. Poco a poco regresa y guarda esa experiencia para ponerla en práctica durante toda la vida, ¿toda la vida?, así es, ser feliz es tarea de toda la vida y empieza por conocernos, sentirnos, reconocernos, construirnos y reconstruirnos. Aprender a hacer pausas en tu vida para sentirte, para escuchar lo que tu cuerpo tiene qué decir, eso es el primer paso, simplemente escucha, detén el juicio, evita lastimarte o recriminarte, sólo conócete, escúchate, trata de comprender y descifrar tu propia vida, descubrías que es mucho más productivo e interesante que estar al pendiente de personas que jamás conocerás.
Quiero dejar en claro que esto es sólo un primer paso para construir felicidad, se llama trabajo de base y consiste en darnos cuenta, darme cuenta de mí, de mi mundo interno, lo que siento, lo que pienso, cómo lo siento; también de mi mundo externo, lo que sucede a mi alrededor, cómo me relaciono con otros, dónde estoy, qué hago todos los días, cómo lo hago, si me gusta, si lo disfruto, por qué y cómo lo elegí, porque aunque nos resistimos a esa idea, la mayor parte de nuestra vida la hemos elegido, donde trabajar, con quién relacionarnos, tener hijos, qué comer, qué vestir. A veces creemos que lo hacemos porque no nos queda de otra, pero no es cierto, siempre hay opciones, siempre. Y me dirán, ¿qué opciones tengo yo?, debo trabajar, si no lo hago no tendré dinero y no podré comer y comprar cosas, ese es el punto, siempre hay opciones pero cada opción tiene sus consecuencias, puedes elegir no trabajar, pero sabes que eso tiene un costo, así como trabajar.
Sé que en lo real parece más complicado, pero no lo es, sólo que estamos acostumbrados a hacerlo todo en automático y por eso parece que siempre ha sido así y que así debe ser, pero si por un momento decidieras invertir en algo más, y me refiero a invertir tiempo, esfuerzo, energía; entonces te darías cuenta que muchas cosas son posibles.
Piensa ahora en algo que quieras, debe ser algo que no implique dinero, algo como caminar en la playa, tomar un descanso, darte un baño relajante, escuchar música, comer algo en especial, un abrazo, escuchar palabras bonitas o decirlas, escribir una carta, mojarte bajo la lluvia, hacer burbujas de jabón, dibujar. Y ahora tu tarea es pensar qué necesitas para hacerlo, busca soluciones, porque lo más seguro es que tu mente en automático encuentre obstáculos, pero tú eres más hábil y encontraras la manera de resolverlo. Esa es tu tarea de hoy, conseguir algo sencillo que quieras hacer y que puedas disfrutar. Práctica eso al menos una vez a la semana y si involucras de vez en cuando a tus seres queridos le darás un toque especial, ve y embárrales la cara con merengue o mermelada, hagan un intercambio de dulces o de tarjetas caseras, escríbeles algo lindo y déjalo donde puedan verlo, pídeles que te abracen, aprende un chiste y compártelo, o tan sólo detente a mirarlos.
Nadie puede devolverle el sentido a tu vida más que tú, anímate, atrévete. Eso sí, ésta invitación es de por vida, si renuncias en una semana no te garantizo que funcione, la idea es que aprendamos a disfrutar de nuevo, que volvamos a comer sintiendo el sabor y no sólo llenando la panza.
Espero de corazón que en mis palabras hayas encontrado al menos una idea que te sirva en la vida, no te conozco y no me conoces, pero seguro estoy de que somos parte de algo que funciona sistemáticamente y si tú estás bien y yo estoy bien, este mundo será un lugar mejor. Te dejo un abrazo de papel y por ahora me despido, no sin antes compartirte que hoy por la mañana me tocó la suerte de admirar un arco iris doble naciendo en el mar. Seguro algo bello se topará en tu camino si abres bien los ojos de tu alma. 

sábado, 13 de octubre de 2012

Haciendo el amor


Uno de esas mañanas reflexivas, con la luz del sol deslumbrando mis ojos al conducir, me puse a pensar en esas cosas que casi cualquiera piensa un sábado de octubre… ¿Qué será más fácil de encontrar… el amor o un buen trabajo? El motivo de mi reflexión es bastante personal, aunque no dudo que muchos estemos pasando por ese dilema y algunos lo hayan resuelto ya, no sé si con arrepentimiento o con la certeza de haber tomado la decisión correcta.
Aquella cuestión me llevó a una nueva pregunta, dialéctica interminable de mí ser conmigo… ¿El amor se encuentra o se hace?, llevo 27 años y 10 meses de vida, de los cuales llevo muchas, pero muchas horas hablando con personas y el tema recurrente siempre es el amor en todas sus modalidades, amor bueno, malo, dulce, amargo, amor gris, colorido, amor rápido, lento, suave, duro, pasajero, eterno, amor deseado, presente, existente, falso, verdadero, amor con ritmo, desfasado, amor a la fuerza, amor y punto.
Parece que el amor es uno de los eternos protagonistas de la vida del ser humano, y aunque parece estar presente en nuestra vida, nuestros sueños, deseos, fantasías y anhelos, es casi un total desconocido a la hora de la verdad. Si no me creen, pregunten a la persona de junto qué es el amor, escuchen su respuesta y luego pregunten si lo vive tal como lo describe, no, al parecer el amor tiene la capacidad de cambiar de forma al pasar de nuestra mente a nuestra realidad.
Una de las cosas que creo ayuda a que el amor sea algo en nuestra mente y otra cosa en nuestra vida, es que nos han dicho que el amor se encuentra, que existe por sí mismo mágicamente muy a pesar de nosotros, y que nos está esperando (o buscando) en algún lugar, que seguro hay alguien perfecto para ti (o para mí o tu tía, tu hermana, tu primo, tu mejor amiga y puede que hasta para tu perro), y si no, ahí están los dichos populares “siempre hay un roto para un descocido” (interesante, pues roto y descocido hacen referencia a la falta que nos hace sujetos deseantes, pero es ponerme ya demasiado teórico).
El asunto es, que hoy por la mañana pensaba que aunque puede ser que encontremos más química, chispa o lo que sea con algunas personas que con otras, lo que realmente hace la diferencia es lo que decidimos a la hora de convivir. Para empezar, la idea que cada uno tiene de sí mismo y de lo que es una relación es la primera capa del sándwich; siguiendo con nuestras habilidades relacionales, comunicarme, reparar, responder, dar, pedir, recibir, darme cuenta, entre muchas más; y todo eso al doble porque en una relación somos dos (cuando somos más la cosa se pone más compleja); después y con todo el trabajo personal que podamos hacer, está el encuentro cotidiano, más allá de los primeros momentos archirrequetecontraromanticos y cursis, el día a día de una pareja o una relación es el verdadero reto, mantenernos interesados en otro, invertir, en mí, en el otro y en la relación, teniendo en cuenta que una inversión es algo de lo que por supuesto esperamos ganancias, aunque a veces no sepamos leer las cifras, por ejemplo, si yo te hago una fiesta sorpresa de tu cumpleaños mi ganancia no será quizá que tú hagas una igual para mí, la ganancia empieza cuando surge en mí la idea y soy capaz de disfrutar la emoción que te va a provocar lo que yo haré con mi esfuerzo, cada paso que doy en la planeación se convierte en un verdadero disfrute, cuándo, dónde, quién será mi cómplice, la comida, los adornos, la música; iré planeando cada detalle y eso me dará goce; cuando finalmente llegue el momento de gritar sorpresa, disfrutaré mucho viendo tu emoción, es probable que en algún momento tu mirada se cargue de gusto y amor por mí y yo reciba encantado mi ganancia; además de todo eso, puede ser que algún día tú decidas tener conmigo un detalle, aunque eso en realidad es lo de menos.
El amor se hace, y la mano de obra es nuestra, tanto tú como yo somos responsables de la relación que formemos, si yo invierto en mí, en sentirme feliz conmigo, en ser quien quiero ser y tener proyectos personales, eso me hará tener buena energía para estar contigo; lo mismo pasa del otro lado, la idea del amor de pareja es que sea el postre de la vida, un encuentro cuando ambos estamos nutridos, de tal modo que nos podamos acompañar, sin que eso implique cargar.
Cargar con otra persona es muy pesado, pensar que yo debo “hacerle feliz”, es una de las consignas imposibles de esta vida, es soberbio de mi parte pensar que yo soy el productor y generador de la felicidad del otro, y por lo tanto, nadie puede estar a cargo de mi propia felicidad.
El amor lo hacemos tanto en el momento en que tenemos un detalle para provocar la sonrisa de otro, como cuando respiramos profundo y nos cargamos de paciencia para acompañarle en su dolor. El amor lo hacemos cuando ponemos límites y permitimos entonces que el otro crezca, lo hacemos también cuando aprendemos a respetarnos y a respetar al otro, a verlo, darnos cuenta que está ahí, completo, con todo lo que es, lo que tiene y además de eso, cuando comprendemos que los seres humanos estamos en construcción, estamos aprendiendo, cuando nos aceptamos y aceptamos al otro permitimos un lugar seguro para ser uno mismo y eso, eso es amor, gozar la existencia del otro (y la propia).
Hacemos el amor cuando identificamos algo que duele o lastima y nos decidimos a experimentarlo, reconocerlo, trabajarlo. Hacemos el amor cuando nos disponemos a pagar los precios que conlleva una relación, porque las relaciones tienen precio, cuántos de nosotros nos hemos enfrentados a familias y amigos que desaprueban una relación, decidir dar su lugar a una persona implica tal vez que otras en mi vida se enojen, pero yo debo saber respetar tanto el lugar de mi pareja, como el enojo de aquel o aquella a quien no le parece. Yo puedo marcar el límite haciendo saber que si quieres enojarte está bien, yo no quiero perderte y eres importante para mí, aquí estaré y te quiero. Me quiero también y por eso me respeto.
El amor se hace de muchas maneras, básicamente reconociendo y aprendiendo, practicando, compartiendo, hacer el amor es un verbo y para vivirlo se tiene que conjugar en gerundio, porque el amor no se hace un día y se queda hecho, el amor lo estamos haciendo en cada momento, yo ahora lo hago, pensando en todas estas cosas que seguramente aportarán algo a mi relación. El amor requiere como todo, mantenimiento constante, primero cada cual de sí mismo y luego del encuentro, qué pasa cuando somos nosotros, cómo somos nosotros, qué hacemos juntos, qué no hacemos, cómo lo hacemos.
El amor vive en nuestra mente de una manera, muchos tenemos ideas de cómo debería de ser el amor, lo que no sabemos es que los encargados de darle esa forma somos nosotros mismo, yo trabajaré en mí para ser feliz y ser una buena pareja, esperando que tú (todos los tú de afuera) trabajes en ti mismo/misma para ser feliz y ser una buena pareja y así un día nos encontraremos y podremos acompañarnos sin cargarnos, amarnos sin atarnos, tocarnos sin lastimarnos y muchas cosas más. La idea de hacer el amor juntos es emprender esa aventura que es la vida y hacerlo con la posibilidad de compartir, es aprender a vivir esa experiencia diferente que es estar con otro, sin dejar de saber estar conmigo.
Yo quiero hacer el amor con alguien que se anime a invertir, quizá el encuentro deba tener de requisito básico (en mi caso particular) ese detalle, yo sólo podré hacer el amor con alguien responsable y que quiera hacer amor…

Tú, ¿Cómo haces el amor? 

jueves, 11 de octubre de 2012

El armario 1

- ¿Qué estaba haciendo aquel hombre sentado en la banca del parque?
- Dicen que hacía el amor
- Yo le vi una navaja en la mano
- Llegaste cuando lo estaba labrando
- No entiendo lo de hacer el amor con una navaja
- No te preocupes, nadie salió herido
- Pero para qué la navaja
- Para dar forma
- Igual me asusta

Llegué aquella tarde a mi casa y vi mi armario cerrado, hacía tiempo permanecía así pues todo lo que usaba circulaba continuamente por los otros muebles de mi habitación, de la silla a un lado de la cama, a la cama, al bote de ropa sucia y una vez lavada, a la silla de nuevo, de vez en cuando pasaba un tiempo en la mesa de planchar. 

Al ver mi armario me pregunté cuántas cosas podía haber dentro, cuantas olvidadas pero aun existentes, cuántas importantes, cuántas feas, cuántas hermosas, cuántas inservibles, cuántas que he tenido que volver a adquirir por no recordar que estaban ahí. Mi armario es pequeño y de madera, es una herencia de los muebles de casa de mi abuela, pesa como un enano de plomo y las puertas están aseguradas con una liga para el cabello porque ya no cierran solas, tiene muchas marcas en las tablas barnizadas en un tono más oscuro que el natural. Ahora que lo pienso, jamás me había detenido a observarlo con tal detalle, parece que siempre ha estado ahí formando parte de mi habitación, guardando todo lo que mágicamente hago desaparecer pero no me animo a borrarlo definitivamente. 

Lo miré fijamente durante 13 minutos, nunca pasaba tanto tiempo mirando algo que no fuera el televisor o la computadora, estar concentrado 13 minutos en una misma cosa me parecía una habilidad perdida entre los seres humanos. Podía sentir como mi respiración se tornaba superficial y agitada, sentía un extraño cansancio en la espalda, producto de la falta de costumbre, el dolor me obligó primero a estirarme y luego a ponerme de pie, aun así seguí pensando en el armario. 

Estaba planeando secretamente abrirlo, pero algo me detenía, una fuerza incomprensible y aparentemente sin sentido, sólo es un armario, me decía a mi mismo cuando percibía la resistencia a quitar la liga y dejar que las puertas cedieran para ver el interior. Algo continuaba como freno en mi cuerpo, de pronto sentí una holeada de nervios en el estómago que se aglutinó en mi garganta en forma de asco, sentí mareo y me sorprendí a percatarme de las reacciones que provocaba en mi echar un vistazo a aquel mueble. Respiré profundo y di cabida a una duda, ¿qué podía haber dentro que me hacía sentir tantas cosas?...  

Hasta ahí llegó mi reflexión, aquellos minutos que eran ya 27, habían llegado al límite de mi paciencia y me sentía extrañamente cansado, no pude dar respuesta y no me decidí a abrirlo, pensé que no era el momento y estaba poniéndome de mal humor, así que me fui de mi habitación en busca de algo que me refrescara y me hiciera olvidar, necesitaba despejar. 

Una vez en la cocina, agua de limón fue lo elegido y un folleto me hizo salir de casa en busca de un producto para el cabello que estaba en oferta... 

Así fue mi primer acercamiento a lo desconocido y oculto de mi armario, experiencia que asemeja lo que sucede cuando, por alguna razón, nos detenemos en nuestro interior... cuántas cosas guardamos y cuántas veces nos alejamos de conocerlas, no puedo saber si volveré a intentarlo, pero lo cierto es que, aunque no quiera ver lo que hay dentro, existe y tiene un efecto sobre mi vida. 








martes, 28 de agosto de 2012

Una fracción de las mil palabras

Justo la media noche, un millón más uno de pensamientos se agolpan en mi cabeza, mil maneras de decir lo mismo que acaba siendo el diálogo de uno solo, imposible hazaña me aguarda tratando de responder los misterios de un corazón que no late en mi pecho. 
¿Por qué? Esa pregunta tramposa que tortura a aquellos a quienes nos invade el insomnio correteando el corazón para hacernos sentir la sangre por todo el cuerpo como bomba a punto de estallar. No sé cómo explicarlo, a pesar del número interminable de palabras que desfilan dentro mio, aun así, no tengo idea de qué pudiera yo decir ante semejante situación, mi parte, la sé, aunque no pueda liberarme de aquel yunque que me cuelga del cuello con un millón de notas sobre cada evento que sentí como una navaja entrando en mi piel, heridas abiertas algunas y las demás, cicatrices que han transformado mi piel tal vez para siempre. 
Yo en tu lugar, imposible, es tan sólo la expresión de mi deseo la que repite una y otra vez cuál sería la solución a este encuentro sin fin. En el silencio de mi habitación, con una tenue luz que me impide nombrar oscuridad a lo que me rodea, ahí, en ese escenario es donde repito una y otra vez la escena que nos saque de este eterno laberinto, trampa de acero totalmente falaz, hace tiempo he visto ya una puerta en cada esquina, es mi ingenua ilusión la que me mantiene dando vueltas como si no hubiera salida, todo esto a la vez que el tiempo me anuncia que si yo no camino hacia la puerta, de un golpe ésta se azotará en mí sacándome para siempre de tu vida. 
Escucho en tus palabras, suavemente, el reclamo por las heridas que mis filosas palabras y miradas han dejado en tu ser, en el mismo canto que propone un regreso, ahí mismo se encuentra el dolor que evidentemente lo impide, las recibo, lo asumo, lo acepto, ahora te pido comprendas mi distancia, ha llegado el momento en que no quisiera seguir construyendo dolor, he tirado la toalla pues siendo atento confieso que quizá ahora las espinas son más grandes que el aroma y la belleza de las rosas, espero lo puedas entender, espero también que en mi ausencia dirijas la mirada a tus ojos y descubras de nuevo tu camino, tu brillo, tu luz, tu belleza, todo lo que necesites para ser feliz. 
Catorce minutos han pasado desde que vi el reloj la última vez, en la garganta un nudo como piedra me anuncia la dificultad para conciliar el sueño que se avecina, con música en mi pecho le daré la bienvenida, pues quizá es momento de darle paso al dolor, porque sentirlo también es parte de sanar, porque incongruente sería hablar de perdida sin dolor, porque dudaría de mi humanidad si no confieso que me tiemblan las manos, me duelen los ojos y un rinoceronte se agolpa contra mi pecho, y confieso también que a pesar de eso soy capaz de sonreír, porque me permito caminar, porque veo en mi actuar una pizca de respeto a tu vida, a veces no voltear es lo mejor, mantener la vista en el camino, al frente, quizá a los lados, pero resistir la tentación de encontrar esa mirada que nos ancla al pasado. 
No hubo más en tu cuerpo para el mío, no hubo más en mi amor para tus brazos, no cabe nada ya en la caja de ilusiones y se perdieron esas cartas de esperanza. Tantas palabras nos mintieron a los dos, firmamos cartas, compromisos incumplidos, hoy sólo queda ya el postdata de las gracias, bajar sombrero, mojar mirada, pintar sonrisa y continuar. 

miércoles, 15 de agosto de 2012

La integridad, el camino olvidado


Hace ya algunos años que mi madre se incorporó al uso de las tecnologías contemporáneas, principalmente la computadora y la Internet, como era de esperarse abrió su cuenta de correo y comenzó a utilizar la herramienta para conversar en línea, justo ahí fue donde vi la frase que me dejó pensando en el momento y que se convirtió en uno de mis principios de vida, en el apartado donde uno puede colocar un mensaje personal, mi madre tenía escrito lo siguiente: “La integridad es el fundamento de toda bondad y grandeza verdadera”, cuando lo vi, recuerdo haberlo leído más de una vez tratando de que hiciera eco en mi mente y procurando una comprensión más allá que el mero gusto de decir “qué bonita frase”, procuré en ese entonces que tuviera algún sentido y me di cuenta que integridad era una palabra bastante abandonada en nuestros tiempos, empecé a pensar en cuántas personas conocerían su significado o su sentido, que es en todo caso lo que importa.
Después de meditar sobre el desconocimiento de la palabra en sí, extendí mi duda y reflexión a más y más palabras, recordé las ocasiones en las que he tocado el tema de valores en cursos y conferencias y cómo era muy difícil obtener respuesta cuando generaba la pregunta de lo que significa respeto. Dignidad es otra de las grandes olvidadas, yo misma he tenido que hacer consciente mi desconocimiento para emprender una búsqueda activa y llegar a darle sentido para poder incorporarla a mi vida con mayor fuerza. No es que desconocer el significado nos impida vivenciar los valores, pero conocerlo fortalece el darse cuenta y nos ayuda a conducir una vida con principios claros, lo que al menos para mí ha sido muy importante, me ayuda a tomar decisiones, a establecer prioridades y a mantener mi rumbo en marcha, en pocas palabras, me facilita la vida.
No haré de éste documento un mero marco explicativo de los valores, prefiero centrarlo en el concepto que dio origen a ésta reflexión. Aunque por aquellos días logré significar para mí lo que es integridad, es apenas hoy, cuando pretendo transmitirlo más formalmente que me he decidido a remover del estante de libros el siempre útil diccionario y ver qué dicen los que saben al respecto del significado, lo que encuentro es lo siguiente; integridad: cualidad de íntegro (íntegro a su vez tiene por principal significado, “que no carece de ninguna de sus partes”), no iremos más lejos buscando significados, porque éstos suelen estar cargados de la moral de quien los escribe en un determinado momento histórico, así que partiremos de lo básico.
Al decir que íntegro es algo que no carece de ninguna de sus partes, ¿A qué podríamos estarnos refiriéndose tratando de seres humanos?, me atrevo alevosamente a descartar el cuerpo, basándome en el criterio de que el contexto en que nos movemos es el de los valores y éstos se suponen trascendentes al cuerpo, de no serlo, tendríamos que conformarnos con pensar que la justicia morirá con el último hombre justo y eso restaría sentido a muchas luchas, los valores se mueven en el mundo de los ideales, de las cualidades que el espíritu aspira alcanzar. Al descartar el cuerpo, no estoy diciendo que no se necesita uno para el presente análisis, sino tratando de dejar en claro que el cuerpo de una persona es humano y, aunque suene redundante, es cuerpo, aun cuando carezca de alguna de sus partes o cuando de alguna manera se aleje del patrón normativo de cómo “debe” ser un cuerpo.
Desde lo dicho en el párrafo anterior pasemos entonces a pensar en cuáles pueden ser las “partes” de un ser humano, el cuerpo está ya establecido, qué sigue ahora, quizá arriesgarnos a hablar de facultades intelectuales, afectivas y del espíritu, es un tema que seguramente se prestará a discusiones interminables, así que no voy a meterme en discusiones filosóficas, porque mi interés es hacer de éste, un texto práctico.
La integridad, según la concibo, está relacionada con esa capacidad del ser humano (de quien la trabaja) de vivir conectado consigo mismo y desde ahí, con el mundo, reconociéndose como parte de éste en una relación bidireccional y recíproca. Vamos paso a pasito, primero, creo firmemente que la integridad requiere esfuerzo por parte de la persona, el esfuerzo para conocerse y hacerlo constante y continuamente, actualizarse como se diría en el campo de la Guestalt, lo cual implica revisar(se) y renovar lo que sea necesario, por ejemplo, si cuando era pequeña guardar silencio ante una injusticia en casa me funcionaba para permanecer protegida, tengo que pensar en mis 27 años si esa manera de proceder aun me funciona y en que contextos, tengo que reconocer que en mi presente cuento con otras herramientas y posibilidades y entonces, desde ahí actualizar mi ser en el mundo.
Partimos entonces de conocerse a uno mismo, esto implica también conocer nuestra historia y aceptarla, cosa que no suele ser fácil, por eso digo que se requiere esfuerzo, pero digo también y totalmente convencida, que vale la pena. En nuestra historia seguramente encontraremos de todo, como en un camino por el bosque, habrá piedritas, piedrotas, florecitas, grandes árboles, ríos, animales, etc., y no estoy poniendo delante de ninguna de éstas cosas un juicio de valor, pues una piedrita puede estorbarme en el zapato, pero puede servirme si quiere ahuyentar un animal que me asuste o puede divertirme si la lanzo a un lago para formar hondas, así que cada uno de nosotros deberemos ir apartando los juicios de valor de nuestras experiencias para poder asumirlas, explorarlas y acomodarlas. No estoy hablando que todo será sonrisas y sentimientos positivos, al contrario, estoy pidiendo que demos paso a nuestra historia tal como es y tal como se siente. Es maravilloso poder decir “esto me duele” desde la tranquilidad de sentirnos libres de sentir.
Ésta limpieza y acomodo al armario nos permitirá ubicar con claridad lo que es realmente importante para cada uno de nosotros, nos permitirá identificar nuestro pensamiento, saber cómo y qué pensamos. Por supuesto que nos dará la libertad de sentir nuestras emociones y deseos, sean cuales sean, y entonces ser capaces de tomar decisiones en nuestra vida basados en el respeto a nosotros mismos, recordando siempre nuestra relación con el mundo, porque si el mundo es parte de mí (y yo de él) y yo me respeto, por consecuencia respetaré al mundo (con todo y el otro incluido).
Por ahí más o menos va el camino de la integridad, por la posibilidad de estar completos desde nosotros mismos y entonces ir buscando la congruencia entre nuestro rumbo, nuestro camino y nuestro proceder. Qué quiero, qué necesito para lograrlo y cómo voy a conseguirlo, por decirlo de alguna manera. Y mucho ojo, no se trata sólo de pensar en que quiero un auto nuevo o el teléfono de moda (puede ser, aunque sería bueno comprender para qué lo quiero o por qué), sino de aquellas condiciones dan sentido a la vida. Mucho tiempo he escuchado que las personas quieren un mundo mejor, pero conozco muy pocas que se esfuerzan, desde el trabajo personal hasta la acción, por conseguirlo. Por eso es que la integridad es el fundamento de toda bondad y grandeza verdadera, porque sin integridad lo que hacemos y “parece bueno o grandioso” es quizá sólo un momento de gloria para un ego vacío, es muchas veces una falta de respeto para el mundo (y por ende para nosotros mismos).
No podemos armar un rompecabezas si no sabemos dónde están todas sus piezas, así que la invitación es a buscar dentro ese o esa que soy realmente y a vivir acorde a lo que quiero, si piensas que de nada sirve que te esfuerces, entonces aun te hace falta encontrar la fe en ti mismo o en ti misma, sigue buscando cada una de tus partes, tu amor, tu confianza, tus ideas, tu creatividad, tu solidaridad, tu sonrisa, tu voz, tu placer, tu egoísmo, tu vanidad, tu ira, todo lo que eres, lo que brilla en ti y tu lado oscuro, porque cuando logres sentarte a conversar son ese lado oscuro y dejes en claro que te pertenece, entonces estarás en el camino de asumir tu vida y con ellos tu felicidad. Libre de juicio, te invito a conocerte, a ser generador o generadora de bondad y grandeza verdadera.